Tengo que ir tranqui.
Cuidarme.
La reacción alérgica de ayer lo marca.
Hace un par de semanas me apareció este picor muy sutil, busqué en el libro, y era más que claro. Por el día que apareció, significaba el rechazo que sentí. Pero pensé que con las Flores del Bach, y los libros que relacionan el significado de las enfermedades con las causas psicológicas, podía manejarlo.
Pero me doy cuenta que esto me excedió. Tengo que sanar tantas cosas, adentro, para que lo de afuera no me invada.
Las formas de ser o de expresarse de la gente, no tienen porqué ser las mías, y a la vez, aceptar que los tiempos de los demás, no tienen porqué ser los míos.
Anoche cuando me aplicaron el corticoide y el antialérgico, la enfermera me explicó que éste último podía darme sueño. Así fue, luego entendí que en ese estado, poco te importa tu alrededor, porque estás como ensimismado.
No puedo juzgar, aunque lo hacemos.
No puedo dar lo mejor, continuamente, sólo porque así lo siento. Primero, debo darme a mí misma, y sobretodo protegerme.
La sensibilidad en esta época free, es algo, que tiene un costo muy caro.
Mi grupo de Whatsap de secundaria fue el que me apoyó anoche.
Es que no tenía para llamar a nadie. No hay una pareja que me cuide. Mi hija estaba preparando sus exámenes. Mis padres son grandes, y con la enfermedad de mi madre, tienen para bastante.
Pero más allá de eso, estoy acostumbrada a arreglámerla sola. Recuerdo cuando me tuvieron que operar el chalazion del ojo. Mi padre pensó que mi novio me acompañaba. A él ni se le pasó por la cabeza, y yo que era tan inconsciente me iba al hospital sola. Menos mal que mi papá se enteró y me acompañó. Sola no podría haber vuelto. La anestesia me dejó muy sensible, sin contar que tenía un ojo tapado. A pesar, de que casi siempre chocamos con mi padre, él es incondicional, siempre está para todo.
Mis hermanos viven lejos, y ni se me cruza por la cabeza avisarles. Nuestro contacto es esporádico, pero vale.
Hace muchos años, en la época que vivía en el centro, tendría veinticinco años, un médico me indicó Dipirona, la clásica Novalgina, que muchos toman, y que en Estados Unidos está prohibida. Justo me había venido a visitar mi amigo, lo llamaré Tomás. Yo tenía gripe, y estaba en cama. Me alcanzó un vaso de agua y tomé los medicamentos. Cinco minutos después comencé a rascarme las manos, después otras partes del cuerpo, corrí a la ducha, me picaba todo, desde la cabeza hasta las plantas de los pies.
Tomás llamó a emergencias, inmediatamente llegó el médico. Me aplicó un decadron (de la marca del laboratorio en donde yo había tenido mi primer trabajo, como técnica química, en el departamento de microbiología). El doctor me explicó que gracias a que el antigripal contenía un antialérgico, me había salvado. Porque se me hubiera cerrado la glotis y ahí la respiración se corta.
Con Tomás nos habíamos conocido en la Facultad, en una carrera que ambos dejamos. Pero nuestra amistad era muy fuerte. Él conocía a mi novio, y yo a la suya. Íbamos a correr juntos por los parques, cerca de la zona de Avenida del Libertador y Tagle. A veces, se nos unía Germán, y en las tardes nos íbamos con los apuntes a esos grandes céspedes empinados, desde donde contemplábamos de lejos el pasar de los autos. Los árboles magníficos conocían todos nuestros secretos, nuestras risas, nuestras charlas, siempre se acoplaba alguien más. Muchas veces, terminábamos acostados en el pasto, tapándonos la cara con los textos, para que sol no nos encandilara.
Tiempo después, cuando yo dejé a mi novio, luego de siete años, y mi amiga de la infancia se alejó, más sentí su apoyo y su fortaleza.
El recorrido de esas calles empedradas de French, que partía desde Anchorena, era lo más lindo hasta llegar al shopping (lugar donde desquitaba mi ansiedad comprando ropa con la tarjeta de crédito), y donde pasaba por su departamento. Teníamos una clave especial para tocar el timbre, bastante hiperactiva, larga y escandalosa, que nos permitía saber de antemano que éramos nosotros.
Tomás era mi oreja, reíamos y compartíamos momentos con otros amigos. Nos divertíamos mucho de lunes a viernes. Los fines de semana, cada uno partía para su casa, él a Lobos y yo a Merlo. Volvíamos en un pequeño tren que paraba en Haedo, luego en Merlo y terminaba en su pueblo. Todo era una gran coincidencia.
Pasado el tiempo, una noche intentó contarme algo que le pasaba con un amigo del gimnasio. Yo no estaba preparada para escuchar, no me di cuenta lo que él me quería decir, ni me lo imaginaba. Le corté menos diez, y le sugerí que no lo viera más, que se alejara. En ese tiempo yo era muy exigente con la vida, tenía ideas muy rígidas, aún no estudiaba psicología. Hubiera entendido si era gay, pero no me cabía la doble vida. Además, llevábamos varios años de amistad, y jamás me había dado cuenta de nada.
Muchos años después, me enteré que era bisexual. Tenía esposa, hijos y amante. Su mujer había aceptado compartir a su marido. Admitía esa relación para no perderlo. Esas cosas imposibles de asimilar.
Volviendo al tema, hoy desperté a las cinco y media de la mañana, y la piel me picaba otra vez, en la zona del chakra ocho. Busqué la crema, y me unté. Medité, en conexión con la Madre, y le pedí asistencia. Estaba otra vez entrando en un estado que me preocupaba, y quería detenerlo de inmediato. Logré calmarme, me relaje, y casi me quedé dormida.
Antes que sonara el despertador, me levanté de la cama. Me sentía más aliviada, casi las manchas sobre mis clavículas habían desaparecido.
Fui a la cocina y mientras buscaba las cosas para el desayuno, sentí angustia y lloré. Me aflojé. Otra vez el pasado aparecía. Pensaba cuánto me costó el tiempo con Diego, cómo pude aguantar tanto. Me salvó mi hija, no iba a admitir vivir en un clima así, con ella. La traje al mundo, y era mi responsabilidad cuidarla, por sobre todas las cosas. Y así partí, con dolor, amándolo, a pesar de lo despiadado que era él conmigo.
Entonces, cuando mi piel se brota, siento que tiene que ver con el miedo a sufrir, a exponerme, a no poder manejar las cosas, a arriesgarme.
No todas las personas están preparadas para dar amor. Para brindarse.
Y hay señales que te hacen abrir los ojos. Dios te muestra todo, y a veces, no te gusta lo que ves. Esas preguntas y comentarios retorcidos, puedo deducir de dónde vienen. ¿Pero había esa necesidad? Es repugnante.
Creer que uno se merece cariño, bondad, respeto, es indispensable.
Valorarse y quererse, tiene que ver con eso.
Espero usar el cerebro.
Y ojalá que sanes.
El título del blog fue por mi primer libro que tuve publicado aquí. Después comencé a escribir de forma espontánea. Ahora estoy en una transición entre Brasil y Buenos Aires. Mi último libro "Música a la madrugada" está en Amazon. En Instagram estoy en @elsombrerorosa y en @brasilnuestro Para sesión de psicología online escribime a través del perfil de Instagram. Gracias totales
jueves, 13 de diciembre de 2018
miércoles, 12 de diciembre de 2018
Sin galeras ni conejos, la magia está en el aire
Estoy despierta desde las cuatro de la madrugada. «Solos, en la madrugada, no estamos solos», decía el protagonista de esa película.... ¿José Sacristán era, o estoy delirando?.
Ayer me llamó Miriam, cuando le conté el milagro de la Virgen de Covadonga. Dice que era la única Virgen que había comprado, tenía todos los regalos envueltos, sin nombre, y justo me la dio a mí, por azar.
Le conté que es de la tierra de mis ancestros, Nicanor, el abuelo de mi padre, nació ahí. Incluso existe una aldea y una Virgen con nuestro apellido. Mi prima dice: «No soy yo». Tiene siete varones.
El asado con secundaria fue el domingo 2, y ¡qué fecha, el 8 de diciembre, día de la Virgen!, hicimos el amor. ¿Así se dice, no? Por lo menos, algo de cariño, tuvo.
Ayer fui a la clase de abdominales. Entendí porqué caí en esta clase, de casualidad, sin buscarla, porque me preparó para la guerra de almohadas. Mientras transcurría la clase, me acordaba cuando terminamos resbalando, a propósito, de las sábanas al piso.
Pensaba lo que significa la energía de las personas, lo que cada uno emana. En las últimas clases, el profe pone su colchoneta en correlación con la mía. A mi me viene bien porque soy la más nueva y la más dura, y así veo bien los ejercicios. Esta actividad me encanta porque circula mucha energía.
Ayer, me cambié de sitio, porque prendió el ventilador y sentía frío. Es una clase mixta, aunque nos gana el otro sexo.
Hicimos la primera tanda de abdominales, pero ya no sentí la misma energía. Ahí me di cuenta que el profe no estaba a mi lado, sino enfrente. Entonces, registré que la energía no tiene que ver tanto con la clase, sino con los compañeros que nos tocan al lado. Son colchonetas contiguas, formando una especie de óvalo.
La primera clase, estuve en el medio de una mujer y un hombre que tenían muy buena vibra, y eso se sentía, sobre todo porque nos pasábamos unas pesas en forma de disco.
Volviendo al día de ayer, unos minutos después, llegaron dos chicas nuevas. Entonces, el profe se levantó, les cedió su espacio, y vino a la colchoneta que estaba a mi lado, vacía.
Entonces, volví a sentir la buena energía.
Lo que quiero decir, lo importante que es esta sensación. Es el carisma, es la positividad, es esa magia que nos hace sentir contentos, a gusto, y así como la buscamos, también la generamos.
Es como cuando vas a bailar, puede venir el más lindo pero si no te pasa nada, te alejas, o solamente conversas o bailas, y no te pasa nada. En cambio, otro, te mueve todo, pero si de alguna manera, te la hace «lunga», ese sentimiento también se desgasta.
Por eso digo, la magia hay que cuidarla.
De todos modos, esta vez no quiero pensar ni esperar. No se puede mendigar cariño, ni especular nada.
Más cuando me vio con los pelos volando porque no tenía mi crema «aplastante». Mi cabeza parecía inflada. Inflada de pensar porqué le dije mi edad. Es que me apuró. Me vi acorralada. Sil me dijo «Nunca más la digas» bla, bla, bla...
Lo que me embola cuando dijo que me levanté un pendejo. ¿Pendejo de qué? Además, quien se acercó fue él, yo no tengo culpa de nada.
Bueno, basta de teorías y otras yerbas.
Él está en el Uritorco, y no creo que un extraterrestre.
Yo aquí en Baires, aún sin escuchar tu audio. ¿Soy una cobarde? Nooo, me preservo. Uy... ahora recuerdo un reportaje de la radio, de la época de «La perra verde». Voy a cambiar el slogan por uno que me calce: «India cobarde, que se resguarde».
Ayer me llamó Miriam, cuando le conté el milagro de la Virgen de Covadonga. Dice que era la única Virgen que había comprado, tenía todos los regalos envueltos, sin nombre, y justo me la dio a mí, por azar.
Le conté que es de la tierra de mis ancestros, Nicanor, el abuelo de mi padre, nació ahí. Incluso existe una aldea y una Virgen con nuestro apellido. Mi prima dice: «No soy yo». Tiene siete varones.
El asado con secundaria fue el domingo 2, y ¡qué fecha, el 8 de diciembre, día de la Virgen!, hicimos el amor. ¿Así se dice, no? Por lo menos, algo de cariño, tuvo.
Ayer fui a la clase de abdominales. Entendí porqué caí en esta clase, de casualidad, sin buscarla, porque me preparó para la guerra de almohadas. Mientras transcurría la clase, me acordaba cuando terminamos resbalando, a propósito, de las sábanas al piso.
Pensaba lo que significa la energía de las personas, lo que cada uno emana. En las últimas clases, el profe pone su colchoneta en correlación con la mía. A mi me viene bien porque soy la más nueva y la más dura, y así veo bien los ejercicios. Esta actividad me encanta porque circula mucha energía.
Ayer, me cambié de sitio, porque prendió el ventilador y sentía frío. Es una clase mixta, aunque nos gana el otro sexo.
Hicimos la primera tanda de abdominales, pero ya no sentí la misma energía. Ahí me di cuenta que el profe no estaba a mi lado, sino enfrente. Entonces, registré que la energía no tiene que ver tanto con la clase, sino con los compañeros que nos tocan al lado. Son colchonetas contiguas, formando una especie de óvalo.
La primera clase, estuve en el medio de una mujer y un hombre que tenían muy buena vibra, y eso se sentía, sobre todo porque nos pasábamos unas pesas en forma de disco.
Volviendo al día de ayer, unos minutos después, llegaron dos chicas nuevas. Entonces, el profe se levantó, les cedió su espacio, y vino a la colchoneta que estaba a mi lado, vacía.
Entonces, volví a sentir la buena energía.
Lo que quiero decir, lo importante que es esta sensación. Es el carisma, es la positividad, es esa magia que nos hace sentir contentos, a gusto, y así como la buscamos, también la generamos.
Es como cuando vas a bailar, puede venir el más lindo pero si no te pasa nada, te alejas, o solamente conversas o bailas, y no te pasa nada. En cambio, otro, te mueve todo, pero si de alguna manera, te la hace «lunga», ese sentimiento también se desgasta.
Por eso digo, la magia hay que cuidarla.
De todos modos, esta vez no quiero pensar ni esperar. No se puede mendigar cariño, ni especular nada.
Más cuando me vio con los pelos volando porque no tenía mi crema «aplastante». Mi cabeza parecía inflada. Inflada de pensar porqué le dije mi edad. Es que me apuró. Me vi acorralada. Sil me dijo «Nunca más la digas» bla, bla, bla...
Lo que me embola cuando dijo que me levanté un pendejo. ¿Pendejo de qué? Además, quien se acercó fue él, yo no tengo culpa de nada.
Bueno, basta de teorías y otras yerbas.
Él está en el Uritorco, y no creo que un extraterrestre.
Yo aquí en Baires, aún sin escuchar tu audio. ¿Soy una cobarde? Nooo, me preservo. Uy... ahora recuerdo un reportaje de la radio, de la época de «La perra verde». Voy a cambiar el slogan por uno que me calce: «India cobarde, que se resguarde».
Las aves trinan pero nadie las entiende
Quisiera hablar en clave, como cuando cantan los pájaros y se contestan, en la antena de mi terraza.
Para los humanos es sólo música, pero ellos estarán hablando de sus planes: hacia dónde van, cómo está el clima, si hay que arreglar el nido, o cuánto se aman.
Siento ese picor en el cuello y en el pecho, sé que tiene que ver con experimentar el rechazo. Aunque tomo Crab Apple, me planteo de algún modo, recurrir a terapia. O con Andrea, o con Andretta. No sé con quién. Y no tengo ganas.
¿De qué voy hablar? ¿De mis miedos, de lo que me asusta dejarme llevar por lo que siento? ¿O de que vivir, es confiar y dejar de tener miedo?
¡Qué bien haber ido al curso el lunes! Hace meses que lo vengo postergando. Me reí tanto, me hizo tan bien.
Cuando llegué y me senté en una de las tantas mesitas de la sala, donde había otra chica, y después se ubicó una tercera, vi que habías respondido mi audio. No lo escuché en ese momento, porque si decías algo que me lastimara, no quería ponerme mal, justo en ese momento, a punto de empezar la clase. Pero soy cobarde, porque aún no me atrevo a escucharlo.
No quiero exponerme. Aunque no me siento tan frágil, temo que se me desarme esta aparente indiferencia. Si fuera más fría, sería más valiente.
Luego de la charla introductoria, «el profe» de la edad de Cristo, nos pidió que participaramos, exponiendo nuestras inquietudes. Para todas las dudas, hubo respuestas, acotadas de chistes, por lo que me reí casi la hora y media. Es que la clase tenía chispa, y mis compañeros eran muy ocurrentes.
«Y vos que no hablaste ¿querés hacer alguna pregunta?» era el clishé para dirigirse a los más mudos del grupo. Éramos más de treinta personas, decir de ambos sexos (me quedo corta) y de todas las edades. Sabía que en cualquier momento, me iba a tocar a mí. Y así fue.
Le planteé que si bien habitualmente no suele pasarme, sentía que me iba a costar superar la vergüenza en este lugar. Como esto había sido planteado por otros alumnos, me respondió lo que ya había explicado: había técnicas para lograrlo.
Y me dijo: «Pasá, vení acá adelante». Me reí, le tiré un insulto, ya que iba a ser la primera en subir. Por suerte, invitó a tres compañeros más, que estuvieron junto a mí en el escenario.
Dio la consigna del juego: él iba a hacer una pregunta sobre cada uno de nosotros, y el resto, iba a responder o adivinar lo que les pareciera. Luego, al finalizar, cada uno de nosotros, iba a exponer las verdaderas respuestas, hiladas una a una, y sin querer ya habríamos hablado, casi sin darnos cuenta.
Las preguntas eran varias: edad, situación sentimental, porqué se anotó en el curso, etc. Entre algunas que recuerdo, surgieron estas:
«¿A qué se dedica?», «Peluquera» arriesgó uno, calculo que impactado por mi cabello. «¿Dónde va de vacaciones?», «Pinamar» dijo otro.
Y las preguntas fueron variando, así en ronda, a los cuatro que estábamos para practicar esta técnica.
Lo que más me llamó la atención, fue cuando preguntó:«¿Dónde vive?», y alguien arriesgó: «En Villa Crespo». ¿Acaso tenía tan presente ese lugar que se filtró telepaticamente? Así explicó Freud, que la comunicación inconsciente es directa, y la consciente indirecta.
Pienso en las aves cuando se acurrucan en su nido, además de abrigarse, y cobijarse ¿cuánto juega el afecto y cuánto el instinto?
Para los humanos es sólo música, pero ellos estarán hablando de sus planes: hacia dónde van, cómo está el clima, si hay que arreglar el nido, o cuánto se aman.
Siento ese picor en el cuello y en el pecho, sé que tiene que ver con experimentar el rechazo. Aunque tomo Crab Apple, me planteo de algún modo, recurrir a terapia. O con Andrea, o con Andretta. No sé con quién. Y no tengo ganas.
¿De qué voy hablar? ¿De mis miedos, de lo que me asusta dejarme llevar por lo que siento? ¿O de que vivir, es confiar y dejar de tener miedo?
¡Qué bien haber ido al curso el lunes! Hace meses que lo vengo postergando. Me reí tanto, me hizo tan bien.
Cuando llegué y me senté en una de las tantas mesitas de la sala, donde había otra chica, y después se ubicó una tercera, vi que habías respondido mi audio. No lo escuché en ese momento, porque si decías algo que me lastimara, no quería ponerme mal, justo en ese momento, a punto de empezar la clase. Pero soy cobarde, porque aún no me atrevo a escucharlo.
No quiero exponerme. Aunque no me siento tan frágil, temo que se me desarme esta aparente indiferencia. Si fuera más fría, sería más valiente.
Luego de la charla introductoria, «el profe» de la edad de Cristo, nos pidió que participaramos, exponiendo nuestras inquietudes. Para todas las dudas, hubo respuestas, acotadas de chistes, por lo que me reí casi la hora y media. Es que la clase tenía chispa, y mis compañeros eran muy ocurrentes.
«Y vos que no hablaste ¿querés hacer alguna pregunta?» era el clishé para dirigirse a los más mudos del grupo. Éramos más de treinta personas, decir de ambos sexos (me quedo corta) y de todas las edades. Sabía que en cualquier momento, me iba a tocar a mí. Y así fue.
Le planteé que si bien habitualmente no suele pasarme, sentía que me iba a costar superar la vergüenza en este lugar. Como esto había sido planteado por otros alumnos, me respondió lo que ya había explicado: había técnicas para lograrlo.
Y me dijo: «Pasá, vení acá adelante». Me reí, le tiré un insulto, ya que iba a ser la primera en subir. Por suerte, invitó a tres compañeros más, que estuvieron junto a mí en el escenario.
Dio la consigna del juego: él iba a hacer una pregunta sobre cada uno de nosotros, y el resto, iba a responder o adivinar lo que les pareciera. Luego, al finalizar, cada uno de nosotros, iba a exponer las verdaderas respuestas, hiladas una a una, y sin querer ya habríamos hablado, casi sin darnos cuenta.
Las preguntas eran varias: edad, situación sentimental, porqué se anotó en el curso, etc. Entre algunas que recuerdo, surgieron estas:
«¿A qué se dedica?», «Peluquera» arriesgó uno, calculo que impactado por mi cabello. «¿Dónde va de vacaciones?», «Pinamar» dijo otro.
Y las preguntas fueron variando, así en ronda, a los cuatro que estábamos para practicar esta técnica.
Lo que más me llamó la atención, fue cuando preguntó:«¿Dónde vive?», y alguien arriesgó: «En Villa Crespo». ¿Acaso tenía tan presente ese lugar que se filtró telepaticamente? Así explicó Freud, que la comunicación inconsciente es directa, y la consciente indirecta.
Pienso en las aves cuando se acurrucan en su nido, además de abrigarse, y cobijarse ¿cuánto juega el afecto y cuánto el instinto?
lunes, 10 de diciembre de 2018
Cangrejos de cal
Un bello día hoy, a ponerle la mejor onda, a remarla.
Cuando empecé a hacerme idea del viaje, se deshizo. Lo consideré porque él me lo había pedido, si no, no lo hubiera pensado.
El viernes lo mismo: «¿Te vas a quedar a pasar conmigo el día, mañana?» Lo hice por él, si no, soy de huir temprano. Igual estaba a gusto.
Ese amanecer, cuando llegamos a su casa, dijo que no haríamos nada, mejor mañana. Y pasó lo contrario.
Unas horas antes, en el boliche, me dijo amablemente que no quiere estar conmigo. Me cambia por un vip, y me desarma. Luego mi amiga me abraza, casi no me conoce, pero me venden las lágrimas. Dios manda del cielo, un caballero para rescatarme con su diálogo. Entonces pasa él y me toca el hombro, lo aprieta suavemente, me brinda una sonrisa. Pienso, que se está despidiendo, ya que se va con su amigo.
Nos vamos con mi amiga y el fulano que ha conocido esa noche, que como vive en Ramos Mejía, nos lleva en el auto. Cuando ya estamos a mitad de viaje, me escribe «¿Dónde estás?», y me pide que vuelva, que él abona el viaje.
Les digo a los chicos que paren, que me tomo un uber, que tengo que volver. Me dicen: «¡Me estás jodiendo!».
El pibe que conduce, es un sol, porque dice que no va a dejarme ahí, y me lleva con mi amiga, de regreso a la puerta del boliche, mientras amortizan el regreso acaramelados.
Allí él me está esperando. Vamos a su casa en taxi. Durante el trayecto, me pide que abra el blog y se lo lea. Mientras escucha mi voz, me abre la campera y me acaricia.
Subimos, y como me ha aclarado que no pasará nada, me quedo tranqui. Pero cuando empieza a desvestirme, me cuesta entregarme porque aún estoy algo herida por lo que me ha dicho un rato antes en la disco.
Luego me olvido, y todo pasa en sucesos de magníficas caricias. Voy y vengo con su cuerpo, reímos y disfrutamos con esa complicidad que seguramente es de antaño, de otra vida.
Menciona que escriba el blog porque quiere saber lo que siento en ese momento, juega con eso. Él no entiende que soy muy sensible, que me dejo llevar, que no respondo de mí, que cada cosa que él hace me llega, me enternece.
A mediodía disfruto del sol, mientras él duerme. El estado que experimento es muy placentero. Son esos pequeños momentos de felicidad.
Cuando me voy de su casa, me hace unas preguntas por whatsap mientras viajo en uber. Siento que de alguna manera me cuida.
Este despliegue de actitudes, es lo que ha estado sucediendo, quizás deba aprender a no tomar todo tan literal. Porque la ambigüedad es lo que lo define. Y no deseo estar rebotando, no puedo conformarlo, sin a veces, sentirme expuesta.
Ahora estoy bien, ya me enfrié.
Un viaje de cuatro días era para mí algo de lo que me costó hacerme a la idea. No es lo usual. Pero cuando lo medité, busqué un reemplazo para mi trabajo, hablé con mi hija, y me pregunté si valía pasar unos días en Capilla del Monte con él; entonces, cambió de parecer. Que era un viaje introspectivo. Claro, eso mencionó al principio, pero después me invitó. Yo lo elaboré como lindo y difícil, por lo que implica irme así. Dejo responsabilidades, y no voy a la vuelta de la esquina.
Pues bien, con todo esto que pasó, mejor que se haya cancelado.
Le deseo lo mejor. Sé que necesita encontrarse, reponerse. Pero debe considerar y pensar cuando habla.
Me daba lo mismo el viaje, pero me duele con que facilidad me descarta.
Bueno, en fin, Dios sabe porqué hace las cosas, y yo la verdad que prefiero el mar y caminar por la playa.
Cuando empecé a hacerme idea del viaje, se deshizo. Lo consideré porque él me lo había pedido, si no, no lo hubiera pensado.
El viernes lo mismo: «¿Te vas a quedar a pasar conmigo el día, mañana?» Lo hice por él, si no, soy de huir temprano. Igual estaba a gusto.
Ese amanecer, cuando llegamos a su casa, dijo que no haríamos nada, mejor mañana. Y pasó lo contrario.
Unas horas antes, en el boliche, me dijo amablemente que no quiere estar conmigo. Me cambia por un vip, y me desarma. Luego mi amiga me abraza, casi no me conoce, pero me venden las lágrimas. Dios manda del cielo, un caballero para rescatarme con su diálogo. Entonces pasa él y me toca el hombro, lo aprieta suavemente, me brinda una sonrisa. Pienso, que se está despidiendo, ya que se va con su amigo.
Nos vamos con mi amiga y el fulano que ha conocido esa noche, que como vive en Ramos Mejía, nos lleva en el auto. Cuando ya estamos a mitad de viaje, me escribe «¿Dónde estás?», y me pide que vuelva, que él abona el viaje.
Les digo a los chicos que paren, que me tomo un uber, que tengo que volver. Me dicen: «¡Me estás jodiendo!».
El pibe que conduce, es un sol, porque dice que no va a dejarme ahí, y me lleva con mi amiga, de regreso a la puerta del boliche, mientras amortizan el regreso acaramelados.
Allí él me está esperando. Vamos a su casa en taxi. Durante el trayecto, me pide que abra el blog y se lo lea. Mientras escucha mi voz, me abre la campera y me acaricia.
Subimos, y como me ha aclarado que no pasará nada, me quedo tranqui. Pero cuando empieza a desvestirme, me cuesta entregarme porque aún estoy algo herida por lo que me ha dicho un rato antes en la disco.
Luego me olvido, y todo pasa en sucesos de magníficas caricias. Voy y vengo con su cuerpo, reímos y disfrutamos con esa complicidad que seguramente es de antaño, de otra vida.
Menciona que escriba el blog porque quiere saber lo que siento en ese momento, juega con eso. Él no entiende que soy muy sensible, que me dejo llevar, que no respondo de mí, que cada cosa que él hace me llega, me enternece.
A mediodía disfruto del sol, mientras él duerme. El estado que experimento es muy placentero. Son esos pequeños momentos de felicidad.
Cuando me voy de su casa, me hace unas preguntas por whatsap mientras viajo en uber. Siento que de alguna manera me cuida.
Este despliegue de actitudes, es lo que ha estado sucediendo, quizás deba aprender a no tomar todo tan literal. Porque la ambigüedad es lo que lo define. Y no deseo estar rebotando, no puedo conformarlo, sin a veces, sentirme expuesta.
Ahora estoy bien, ya me enfrié.
Un viaje de cuatro días era para mí algo de lo que me costó hacerme a la idea. No es lo usual. Pero cuando lo medité, busqué un reemplazo para mi trabajo, hablé con mi hija, y me pregunté si valía pasar unos días en Capilla del Monte con él; entonces, cambió de parecer. Que era un viaje introspectivo. Claro, eso mencionó al principio, pero después me invitó. Yo lo elaboré como lindo y difícil, por lo que implica irme así. Dejo responsabilidades, y no voy a la vuelta de la esquina.
Pues bien, con todo esto que pasó, mejor que se haya cancelado.
Le deseo lo mejor. Sé que necesita encontrarse, reponerse. Pero debe considerar y pensar cuando habla.
Me daba lo mismo el viaje, pero me duele con que facilidad me descarta.
Bueno, en fin, Dios sabe porqué hace las cosas, y yo la verdad que prefiero el mar y caminar por la playa.
Desconcierto
Pasó por sincerarme tanto.
Por creer.
No entiendo.
Sil dice:«No sabe lo que quiere o es un chamullero».
Quizás ambas.
Tengo que pensar en mí. Ya que él ni piensa.
Espero mañana tener el coraje de ir al curso, y no postergarlo.
Desconcierto bajo las estrellas. El motor de un auto que se aleja. ¿No se puede creer en la gente? ¿O me invitó para quedar bien, sin ánimo de que vaya?
Necesito que alguien me trate como a un ser humano.
Por creer.
No entiendo.
Sil dice:«No sabe lo que quiere o es un chamullero».
Quizás ambas.
Tengo que pensar en mí. Ya que él ni piensa.
Espero mañana tener el coraje de ir al curso, y no postergarlo.
Desconcierto bajo las estrellas. El motor de un auto que se aleja. ¿No se puede creer en la gente? ¿O me invitó para quedar bien, sin ánimo de que vaya?
Necesito que alguien me trate como a un ser humano.
domingo, 9 de diciembre de 2018
Despidiendo el año
Hablé con Sil, larga cabalgata por teléfono. Devanamos teorías, para entender a estos hombres que nos atraviesan.
Fueron dos largos llamados, el primero interrumpido por su ex, que fue a buscar «puchero». Ni el hueso del osobuco le dieron. Le digo que los hombres expresan el amor a través del sexo. Y nos quedamos con una frase de él: «Vos seguí con tus miedos, que se te pasa la vida». ¡Cuánta razón tiene!
Tratamos de deducir porqué pasó lo que pasó, porqué ese comentario tan desafortunado. Después de tantos supuestos, asociación libre, por decirlo de alguna manera, quizá haya algo. Es tan difícil saberlo.
Al final ayer no dormí, no podía conciliar el sueño durante la tarde. Se hicieron las nueve, y la verdad que quería despedir el año como habíamos pactado con Gaby. Aunque lo había cancelado, ese mediodía, cuando estaba en compañía de las gatas que se preguntaban: «¿Quién es ésta?».
Sin mucho que pensar, salí en jet hacia la ducha, y uber mediante llegué al depto de Graciela. Nos pusimos al día con los últimos sucesos, muy por encima. Hay cosas que sólo con Sil hablo. Al rato, pasaron Flavio y Gabi a buscarnos, rumbo a San Isidro. Se cumplió nuestro pronóstico, es más, Graciela decía que parecía un club de lesvianas. Todas mujeres y jobatos. La cena, rica, aunque salteamos la entrada. Brindis a rolete, aunque yo lo hice con agua. Luego se armó el boliche, bailamos con desparpajo. Nos reímos de todo y de nada. A pesar de que sabían que no había dormido, el novio de Gaby, dijo: «Ely te ves muy relajada». Esas caras luminosas y risueñas, que te delatan.
Entrada la noche, apareció población masculina. Igual yo estaba dispuesta a irme apenas el conductor lo dijera, y él me gastaba: «¿Ya te querés rajar?».
Por suerte nos quedamos un rato porque encontré a un par de Dover.
Mark que se mudó a Alicante por una propuesta de trabajo. Dice que está enamorado de la ciudad. Es más, me sugiere irme a vivir con él a España. Me interroga si aún tengo su teléfono, y anota el mío en su celu. Quiere tomar un café en la semana. Ya conozco ese verso. Cuando fuimos hace un par de años, ni siquiera supo lo que es timing para transarte. Me bajé del auto, a tiempo. No pasó nada. Ni siquiera sabía cómo abordar con suavidad. Y a los desesperados, no me los banco. Somos amigos Mark, nada más. Tomaría el café con gusto si fuera para charlar, pero la caña no sólo es para eso, y no tengo ganas de estar esquivando los manotazos.
Tenerlo de amigo, de contacto, por si un día surge la idea de mudarnos, todo bien. Pero Juli tiene que terminar su carrera.
Luego, ya cuando partíamos, me encuentro al mejicano. En realidad, es salteño, pero es un personaje. Nos saludamos con un abrazo, y me murmura al oído: «¡Cómo te me escapaste!». Fue la última vez que fui a Dover, hace dos años. Luego de una semana de Whatsap, el operativo se canceló porque él dijo que jamás había usado un forro y que no estaba dispuesto a cuidarse. Hablamos un par de minutos, y se despidió con su típica frase: «Dame la boca». Me reí, y pensé que realmente no me interesaba cambiar el sabor a Fede. Le di un beso en el cachete, y salí porque los chicos me esperaban. Se atravesó otro sujeto: «¿Cómo es que te vas, cuando yo recién llego?». Los chicos se ponen mimosos cuando se acerca el alba.
Zarpamos en el auto, a mí se me cerraban los ojos.
Doce días es mucho, voy a extrañarte.
Fueron dos largos llamados, el primero interrumpido por su ex, que fue a buscar «puchero». Ni el hueso del osobuco le dieron. Le digo que los hombres expresan el amor a través del sexo. Y nos quedamos con una frase de él: «Vos seguí con tus miedos, que se te pasa la vida». ¡Cuánta razón tiene!
Tratamos de deducir porqué pasó lo que pasó, porqué ese comentario tan desafortunado. Después de tantos supuestos, asociación libre, por decirlo de alguna manera, quizá haya algo. Es tan difícil saberlo.
Al final ayer no dormí, no podía conciliar el sueño durante la tarde. Se hicieron las nueve, y la verdad que quería despedir el año como habíamos pactado con Gaby. Aunque lo había cancelado, ese mediodía, cuando estaba en compañía de las gatas que se preguntaban: «¿Quién es ésta?».
Sin mucho que pensar, salí en jet hacia la ducha, y uber mediante llegué al depto de Graciela. Nos pusimos al día con los últimos sucesos, muy por encima. Hay cosas que sólo con Sil hablo. Al rato, pasaron Flavio y Gabi a buscarnos, rumbo a San Isidro. Se cumplió nuestro pronóstico, es más, Graciela decía que parecía un club de lesvianas. Todas mujeres y jobatos. La cena, rica, aunque salteamos la entrada. Brindis a rolete, aunque yo lo hice con agua. Luego se armó el boliche, bailamos con desparpajo. Nos reímos de todo y de nada. A pesar de que sabían que no había dormido, el novio de Gaby, dijo: «Ely te ves muy relajada». Esas caras luminosas y risueñas, que te delatan.
Entrada la noche, apareció población masculina. Igual yo estaba dispuesta a irme apenas el conductor lo dijera, y él me gastaba: «¿Ya te querés rajar?».
Por suerte nos quedamos un rato porque encontré a un par de Dover.
Mark que se mudó a Alicante por una propuesta de trabajo. Dice que está enamorado de la ciudad. Es más, me sugiere irme a vivir con él a España. Me interroga si aún tengo su teléfono, y anota el mío en su celu. Quiere tomar un café en la semana. Ya conozco ese verso. Cuando fuimos hace un par de años, ni siquiera supo lo que es timing para transarte. Me bajé del auto, a tiempo. No pasó nada. Ni siquiera sabía cómo abordar con suavidad. Y a los desesperados, no me los banco. Somos amigos Mark, nada más. Tomaría el café con gusto si fuera para charlar, pero la caña no sólo es para eso, y no tengo ganas de estar esquivando los manotazos.
Tenerlo de amigo, de contacto, por si un día surge la idea de mudarnos, todo bien. Pero Juli tiene que terminar su carrera.
Luego, ya cuando partíamos, me encuentro al mejicano. En realidad, es salteño, pero es un personaje. Nos saludamos con un abrazo, y me murmura al oído: «¡Cómo te me escapaste!». Fue la última vez que fui a Dover, hace dos años. Luego de una semana de Whatsap, el operativo se canceló porque él dijo que jamás había usado un forro y que no estaba dispuesto a cuidarse. Hablamos un par de minutos, y se despidió con su típica frase: «Dame la boca». Me reí, y pensé que realmente no me interesaba cambiar el sabor a Fede. Le di un beso en el cachete, y salí porque los chicos me esperaban. Se atravesó otro sujeto: «¿Cómo es que te vas, cuando yo recién llego?». Los chicos se ponen mimosos cuando se acerca el alba.
Zarpamos en el auto, a mí se me cerraban los ojos.
Doce días es mucho, voy a extrañarte.
sábado, 8 de diciembre de 2018
Ser respetuoso, es respetar a mi familia
Tengo sueño, pero no me puedo dormir. Quiero hablar con Sil, y no la ubico.
El I Ching otra vez me sorprende, del hexagrama 48, con líneas significativas 1, 2 y 6, se convierte en el 37. Y así fue.
Esta madrugada, el 8 de diciembre se sintió con todo.
Me pregunto porqué soy tan sensible en algunos momentos, y como alusiones desubicadas lo empañan todo. Me molesta, me indigna, y me sorprende. ¿Cómo no pueden darse cuenta, que lo más importante para una madre, son sus hijos? Y que le falten el respeto, que hagan comentarios incongruentes, por decirlo de forma elegante, me hiere.
Todo lo demás, un bombón, un dulce, una paz enorme.
Me preguntó mi edad, me hizo decirla. Él había mentido la suya. Me puso en un lugar incómodo. Porqué lo dije.
Hablamos un montón de cosas interesantes.
Sus gatas bellas, me acompañaron cuando me mudé al living. Es que la cosa venía con música de todas clases: tres bemoles, un grave y un agudo conformaban el compás de sus ronquidos, y una orquesta funcional fue la alarma de su celular que sonó en ocho ocasiones. En un momento, metí el teléfono en el cajón de los cubiertos, para no escucharlo.
En el sillón, me tapé con mi campera de viento. La felina blanca con rayas de tigresa, me hizo una ceremonia con sus mullidas patas, paseándose por mi alrededor. Hasta buscar un astuto lugar junto a mí.
Dormí como mucho una hora y media. Me duché, me puse su bata y me senté en el patio. Un cielo radiante enmarcaba mi alegría. Si tenía que describir ese momento, me sentía feliz. Lástima que se apañó más tarde con eso tan horrible que dijo, que luego la quiso arreglar aclarando que era un chiste.
Sentido común... ¿tanto escasea?
Recordando la canción de Divididos, «Dame un limón», que pasaba en la radio, eso fue lo que capturé de la heladera. Corté la mitad, y se lo agregué a un gran vaso de agua. Esa es la ventaja de una montaña de mimos: se me pasa el hambre.
Whatsapee con mis amigas, y entré a lavar unos vasos que copaban la pileta. Casi al finalizar la tarea, se despertó. Entre que yo no veía de lejos porque me había quitado los lentes de contacto, me sorprendió su voz. Algo dijo que me recordó a Diego, uno va con pie de plomo cuando está en casa ajena, con alguien que hace poco conoce. Dijo «¿Qué haces?», aunque creo que me descolocó el tono, y el no poder distinguir, por estar lejos y sin lentes, su rostro y sus gestos.
No sé, porqué vienen los fantasmas del pasado.
Después la charla se transformó en un rico café, pero si bien la pasaba súper, sentía que debía irme, que en algún punto, quizá él ya quería estar solo.
Pedí un uber, y colaboró para que no me saliera tan caro.
Le presté mi pulsera de lápiz lazuli. Se la di en el boliche, cuando sentí que quería darle algo. Un viejo rito que hacíamos con el amigo del novio de Mary, hace veinte años. Cada vez que nos veíamos en Ratos (un pub bailable) intercambiabamos collares, y a los dos o tres meses que nos volvíamos a encontrar, hacíamos la devolución. Eso lo hicimos durante un año y medio. Nos gustábamos mucho, pero yo sabía que él era un mujeriego terrible, y además estaba noviando.
Pasaron muchísimas cosas más esta noche, pero estoy sin dormir, y muchos de los detalles bellos, me los guardo.
Anoche lloré, luego reí. Y ahora a la distancia, veo las cosas con más frialdad.
Olvidé mencionar las partes cómicas, pero eso será más adelante. Hoy con este cansancio, el popurrí de anécdotas, viene medio desordenado.
Sin duda, nos conocemos de otras vidas. Ahora cerraré mis ojos, para ver las cosas más claras.
El I Ching otra vez me sorprende, del hexagrama 48, con líneas significativas 1, 2 y 6, se convierte en el 37. Y así fue.
Esta madrugada, el 8 de diciembre se sintió con todo.
Me pregunto porqué soy tan sensible en algunos momentos, y como alusiones desubicadas lo empañan todo. Me molesta, me indigna, y me sorprende. ¿Cómo no pueden darse cuenta, que lo más importante para una madre, son sus hijos? Y que le falten el respeto, que hagan comentarios incongruentes, por decirlo de forma elegante, me hiere.
Todo lo demás, un bombón, un dulce, una paz enorme.
Me preguntó mi edad, me hizo decirla. Él había mentido la suya. Me puso en un lugar incómodo. Porqué lo dije.
Hablamos un montón de cosas interesantes.
Sus gatas bellas, me acompañaron cuando me mudé al living. Es que la cosa venía con música de todas clases: tres bemoles, un grave y un agudo conformaban el compás de sus ronquidos, y una orquesta funcional fue la alarma de su celular que sonó en ocho ocasiones. En un momento, metí el teléfono en el cajón de los cubiertos, para no escucharlo.
En el sillón, me tapé con mi campera de viento. La felina blanca con rayas de tigresa, me hizo una ceremonia con sus mullidas patas, paseándose por mi alrededor. Hasta buscar un astuto lugar junto a mí.
Dormí como mucho una hora y media. Me duché, me puse su bata y me senté en el patio. Un cielo radiante enmarcaba mi alegría. Si tenía que describir ese momento, me sentía feliz. Lástima que se apañó más tarde con eso tan horrible que dijo, que luego la quiso arreglar aclarando que era un chiste.
Sentido común... ¿tanto escasea?
Recordando la canción de Divididos, «Dame un limón», que pasaba en la radio, eso fue lo que capturé de la heladera. Corté la mitad, y se lo agregué a un gran vaso de agua. Esa es la ventaja de una montaña de mimos: se me pasa el hambre.
Whatsapee con mis amigas, y entré a lavar unos vasos que copaban la pileta. Casi al finalizar la tarea, se despertó. Entre que yo no veía de lejos porque me había quitado los lentes de contacto, me sorprendió su voz. Algo dijo que me recordó a Diego, uno va con pie de plomo cuando está en casa ajena, con alguien que hace poco conoce. Dijo «¿Qué haces?», aunque creo que me descolocó el tono, y el no poder distinguir, por estar lejos y sin lentes, su rostro y sus gestos.
No sé, porqué vienen los fantasmas del pasado.
Después la charla se transformó en un rico café, pero si bien la pasaba súper, sentía que debía irme, que en algún punto, quizá él ya quería estar solo.
Pedí un uber, y colaboró para que no me saliera tan caro.
Le presté mi pulsera de lápiz lazuli. Se la di en el boliche, cuando sentí que quería darle algo. Un viejo rito que hacíamos con el amigo del novio de Mary, hace veinte años. Cada vez que nos veíamos en Ratos (un pub bailable) intercambiabamos collares, y a los dos o tres meses que nos volvíamos a encontrar, hacíamos la devolución. Eso lo hicimos durante un año y medio. Nos gustábamos mucho, pero yo sabía que él era un mujeriego terrible, y además estaba noviando.
Pasaron muchísimas cosas más esta noche, pero estoy sin dormir, y muchos de los detalles bellos, me los guardo.
Anoche lloré, luego reí. Y ahora a la distancia, veo las cosas con más frialdad.
Olvidé mencionar las partes cómicas, pero eso será más adelante. Hoy con este cansancio, el popurrí de anécdotas, viene medio desordenado.
Sin duda, nos conocemos de otras vidas. Ahora cerraré mis ojos, para ver las cosas más claras.
viernes, 7 de diciembre de 2018
Haz el amor... y si no podés, haz la paz
Viernes con soles, con respuestas de quien no está en mis planes, ya que los rezos de mi grupo de Whatsap de secundaria, esta vez, parecen no embocarla. Ellos dicen que es porque no les cuento nada. Igual sus rezos son muy efectivos, lo sé, ya se va a dar. Lo que pasa que uno quiere lo inmediato, y los ríos toman atajos para volverse a encontrar.
Hace frío este diciembre, aunque hoy me siento cálida, si tenemos que ponerle temperatura a mi ánimo.
Ayer recibí un video, ustedes saben que yo no tengo paciencia para verlos, así como los recibo, los borro. Pero este venía de Stella, una compañera de primaria y secundaria que vive en Mar del Plata. Esta es la historia con ella: en el colegio primario, no nos dábamos bola, no teníamos afinidad. En el último retiro espiritual de séptimo grado, el padre Pablo, un cura muy copado, nos propuso que nos reunieramos con ese compañero que nunca nos habíamos comunicado. Fue instantáneo, nos miramos con Stella y nos sentamos en un banco. Era casi el mediodía, estábamos en una quinta hermosa, bajo los árboles. Fue un momento de charla que sirvió para blanquearnos. Y a pesar de que era el último día de clase, nos volvimos a ver al año siguiente, en otro colegio, ya en el nivel secundario. Pasamos otros tres años juntas, sin interactuar, ella con sus amigas y yo con las mías. Pero cuando nuestras miradas se cruzaban, las dos entendíamos, que aunque no tuviéramos algo en común, nos respetábamos.
Luego me cambié de escuela, y nos volvimos a ver un par de décadas después. Todo bien. Éramos otras. Crecidas, maduras, abiertas al prójimo. En aquella ocasión, un grupo de alrededor de diez compañeros, fuimos a cenar, después del acto recordatorio que nos hizo la escuela. Creo que ella estaba en esa cena. No lo recuerdo. Pero tiempo después se organizó el grupo de Whatsap, y a partir de ahí, la mayoría de las veces que fui a la costa atlántica, nos encontramos, a compartir un café o un almuerzo. Y descubrimos que tenemos muchas cosas en común, ambas trabajamos con las Flores de Bach, y nos gusta lo intuitivo, las terapias alternativas, etc. Ella no es psicóloga, pero está abierta al ser humano, dispuesta a ayudar, hace registros akashicos, y otras yerbas.
Volviendo al punto, si recibo un video de ella, me tomo el tiempo para verlo. Sé que puede ser interesante. Y así fue, esta historia, que me hizo emocionar hasta las lágrimas. Los soldados de ambos bandos, que en plena guerra, comienzan a cantar esa preciada canción de Navidad: «Noche de Paz», y que contagiados por el canto del otro, salen de sus trincheras y comparten regalos.
En ese momento pensé: «Y uno se enoja o se distancia por tantas pequeñeces». Me vino, de inmediato, el recuerdo de mi hermano. Y ahí nomás, todo lo que siempre me pareció un escollo, se disolvió como esa nieve de los cuentos de hadas.
Compartí el video con mis amigas más cercanas, al que te incluí a pesar de que la otra noche me ignoraste. O más bien, te escondite porque no te daba la cara por tu mentirilla.
No respondiste, era lo esperable. Pero, ¿sabés qué? Siento que ahora está todo liso. Somos libres, sin condiciones, sin estructuras ficticias.
Lo real es mi alma, aunque no estés preparado para hallarla.
Hace frío este diciembre, aunque hoy me siento cálida, si tenemos que ponerle temperatura a mi ánimo.
Ayer recibí un video, ustedes saben que yo no tengo paciencia para verlos, así como los recibo, los borro. Pero este venía de Stella, una compañera de primaria y secundaria que vive en Mar del Plata. Esta es la historia con ella: en el colegio primario, no nos dábamos bola, no teníamos afinidad. En el último retiro espiritual de séptimo grado, el padre Pablo, un cura muy copado, nos propuso que nos reunieramos con ese compañero que nunca nos habíamos comunicado. Fue instantáneo, nos miramos con Stella y nos sentamos en un banco. Era casi el mediodía, estábamos en una quinta hermosa, bajo los árboles. Fue un momento de charla que sirvió para blanquearnos. Y a pesar de que era el último día de clase, nos volvimos a ver al año siguiente, en otro colegio, ya en el nivel secundario. Pasamos otros tres años juntas, sin interactuar, ella con sus amigas y yo con las mías. Pero cuando nuestras miradas se cruzaban, las dos entendíamos, que aunque no tuviéramos algo en común, nos respetábamos.
Luego me cambié de escuela, y nos volvimos a ver un par de décadas después. Todo bien. Éramos otras. Crecidas, maduras, abiertas al prójimo. En aquella ocasión, un grupo de alrededor de diez compañeros, fuimos a cenar, después del acto recordatorio que nos hizo la escuela. Creo que ella estaba en esa cena. No lo recuerdo. Pero tiempo después se organizó el grupo de Whatsap, y a partir de ahí, la mayoría de las veces que fui a la costa atlántica, nos encontramos, a compartir un café o un almuerzo. Y descubrimos que tenemos muchas cosas en común, ambas trabajamos con las Flores de Bach, y nos gusta lo intuitivo, las terapias alternativas, etc. Ella no es psicóloga, pero está abierta al ser humano, dispuesta a ayudar, hace registros akashicos, y otras yerbas.
Volviendo al punto, si recibo un video de ella, me tomo el tiempo para verlo. Sé que puede ser interesante. Y así fue, esta historia, que me hizo emocionar hasta las lágrimas. Los soldados de ambos bandos, que en plena guerra, comienzan a cantar esa preciada canción de Navidad: «Noche de Paz», y que contagiados por el canto del otro, salen de sus trincheras y comparten regalos.
En ese momento pensé: «Y uno se enoja o se distancia por tantas pequeñeces». Me vino, de inmediato, el recuerdo de mi hermano. Y ahí nomás, todo lo que siempre me pareció un escollo, se disolvió como esa nieve de los cuentos de hadas.
Compartí el video con mis amigas más cercanas, al que te incluí a pesar de que la otra noche me ignoraste. O más bien, te escondite porque no te daba la cara por tu mentirilla.
No respondiste, era lo esperable. Pero, ¿sabés qué? Siento que ahora está todo liso. Somos libres, sin condiciones, sin estructuras ficticias.
Lo real es mi alma, aunque no estés preparado para hallarla.
jueves, 6 de diciembre de 2018
Trucos de magia
El blog me comprende. El blog es mi refugio, para ahuyentar los fantasmas que se ríen debajo de las sábanas: «No soy yo, no soy yo».
Entonces cambio mi adormecer inquieto por una aureola que viene desde el cielo, que me tira una mano, que me hace un guiño para que no decaiga.
Las luces te confunden al anochecer, más aún cuando se ha apagado casi todo dentro tuyo.
La maravilla del ser es que salga el sol todos los días como una chance, y cuando la angustia te ahoga, pidas por el otro. Le hables, le cuentes, tengas confianza.
Se puede ser libre aun en una relación. Y se puede ser esclavo aun sin tenerla. Esclavo de la soledad, del vacío, de una pastilla que te anestesia.
¡Cómo me gustaría tener el valor de comunicarme! ¡Cómo me gustaría saber si vale la pena, y no enredarme!
Esos abrazos fueron genuinos, no?
Esas confesiones tienen asegurado el secreto.
Esas charlas se deben tantas palabras...
Déjame decirte una más: «Abracadabra».
Entonces cambio mi adormecer inquieto por una aureola que viene desde el cielo, que me tira una mano, que me hace un guiño para que no decaiga.
Las luces te confunden al anochecer, más aún cuando se ha apagado casi todo dentro tuyo.
La maravilla del ser es que salga el sol todos los días como una chance, y cuando la angustia te ahoga, pidas por el otro. Le hables, le cuentes, tengas confianza.
Se puede ser libre aun en una relación. Y se puede ser esclavo aun sin tenerla. Esclavo de la soledad, del vacío, de una pastilla que te anestesia.
¡Cómo me gustaría tener el valor de comunicarme! ¡Cómo me gustaría saber si vale la pena, y no enredarme!
Esos abrazos fueron genuinos, no?
Esas confesiones tienen asegurado el secreto.
Esas charlas se deben tantas palabras...
Déjame decirte una más: «Abracadabra».
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Rotisería del amor
-¿Vas a llamar?
-¿A quién? ¿A Federico?
-¡No, a las empanadas!
Diálogo con mi hija, mientras ella busca trabajo por la compu.
Necesito internarme en Netflix, ya que no tengo ánimo para ir al gimnasio. Tal vez mañana vaya con el pelado, es el único que me puede sacar de esto.
¿Por qué todo cuesta tanto? ¡Tanto el amor! ¡Te pido un milagro, Virgen de Covadonga!
Por mi Asturias ancestral, donde nacieron los padres de mi abuelo.
Siento un nudo en la garganta.
Hablar con vos, me aliviaría.
Siempre necesito un calmante, no son pastillas, sólo tu voz, me calmaría.
«Dependientes emocionales» se nos llamaría por la jerga de moda. Sin embargo, el amor, ¿no debería ser norma o tendencia?
El amor es lo lógico.
No tenerlo es una carrera impostora de personas frías que juegan a ver quién se supera.
Pero el corazón sufre. Necesita un abrazo, contención, y diálogo.
Que esta sociedad se cure, y así todos podamos sentirnos amados.
-¿A quién? ¿A Federico?
-¡No, a las empanadas!
Diálogo con mi hija, mientras ella busca trabajo por la compu.
Necesito internarme en Netflix, ya que no tengo ánimo para ir al gimnasio. Tal vez mañana vaya con el pelado, es el único que me puede sacar de esto.
¿Por qué todo cuesta tanto? ¡Tanto el amor! ¡Te pido un milagro, Virgen de Covadonga!
Por mi Asturias ancestral, donde nacieron los padres de mi abuelo.
Siento un nudo en la garganta.
Hablar con vos, me aliviaría.
Siempre necesito un calmante, no son pastillas, sólo tu voz, me calmaría.
«Dependientes emocionales» se nos llamaría por la jerga de moda. Sin embargo, el amor, ¿no debería ser norma o tendencia?
El amor es lo lógico.
No tenerlo es una carrera impostora de personas frías que juegan a ver quién se supera.
Pero el corazón sufre. Necesita un abrazo, contención, y diálogo.
Que esta sociedad se cure, y así todos podamos sentirnos amados.
¿Habrá «low cost» para tu corazón?
Hoy me levanté y ya en el desayuno te estaba extrañando.
Me hice unas Flores de Bach para que se me pase. Tengo que dominar mis dedos para no teclear «Hola cómo estás?».
Tal vez por eso no fui al gimnasio ayer. Cuando me agarra el bajón, no tengo ganas de nada.
Las Grutas es un viaje largo. Tal vez el low cost, es una chance. Volar es lo que me hace falta, un vuelo del corazón, sin escalas. Directo a Villa Crespo, a tu cama, a tu balcón con noche estrellada.
Me hice unas Flores de Bach para que se me pase. Tengo que dominar mis dedos para no teclear «Hola cómo estás?».
Tal vez por eso no fui al gimnasio ayer. Cuando me agarra el bajón, no tengo ganas de nada.
Las Grutas es un viaje largo. Tal vez el low cost, es una chance. Volar es lo que me hace falta, un vuelo del corazón, sin escalas. Directo a Villa Crespo, a tu cama, a tu balcón con noche estrellada.
lunes, 3 de diciembre de 2018
Todo delante de tus ojos
Es lunes y todo me pasa como por un puente de Aladín, si es que existe.
Estoy feliz, contenta.
Hoy, de casualidad, terminamos todos almorzando en el bar del hospital. Mis padres y mi hermano que vino desde Lobos. Si lo organizábamos no hubiera salido tan bien.
Después me doy cuenta, ya más tarde, cuando estoy en la sala de espera de la odontóloga, que esto me afecta. No aguanto los lentos porque me ponen melanco. Algo de angustia me atraviesa, quiero que mi madre sane y se termine todo este rally. Se supone que sí, según los análisis.
Quiero taparme los oídos con los audífonos de la primer radio que encuentre, pero no hace falta porque cambiaron la música a tiempo.
Un viejito pispireto entra medio destartalado y le cedo el asiento. Practicamente nunca lo usó porque se la pasó hablando con las recepcionistas, del helado gigante que había probado en Haedo. Luego, sacó a relucir su gentleman, ayudando a una señora de su edad que salía temblorosa de uno de los consultorios. Si bien ella estaba con su familia, el galán la guió con su brazo, orgulloso y apuesto. Parecían tal para cual. Una incipiente escena de amor. Se ha formado una pareja.
Me arreglan el diente, y voy para el estudio. Veo cuatro clientes, dibujan, hablo, pregunto, escucho. Estoy exhausta, porque el último es de esos jóvenes irrescatables, producto de padres abandónicos.
Cuando casi me estoy yendo, suena el teléfono. Es Federico, no Fede Bal, sino un cliente. Tiene una voz hermosa, con una alegría seductora. Le explico lo que tiene que hacer, y guardo todo para volver a casa.
Tendría que haber ido al gimnasio, pero la jornada ha sido muy larga.
Juli está somatizando sus exámenes, fue al médico por sus bronquios. Le preparo fórmulas de Flores de Bach para ver cómo sale del meollo de su cabeza.
Mientras le hago un monólogo en el living para ver cómo logro sacarla de ese bache que se ha inventado, queriendo resolver todo: su examen, su cambio trabajo, bla, bla, bla. Improviso un recitado, bromeo, invento chistes, me quito el corpiño por debajo de la remera y lo revoleo al estilo de la Sole, le digo que voy a hacer stand up para reírme con la gente, que ya no quiero escuchar más las penas de los pacientes. Pues quiero que me escuchen a mí, y se ríe.
Estoy en paz. Clematis ha surtido efecto. Sería forzado pensar que me importa porque no es así. Lo he visto todo en vivo y en directo. No más pruebas.
El sábado luego de ver PH, he tomado coraje, ya que el viernes no pude salir con la lluvia. Me divertí, la pasé bien, y he estrenado el uber desde mi teléfono.
Sigo siendo cabezona en muchos aspectos, y la realidad me lo refriega en la cara: ¡Nena avivate!
No se puede forzar nada. Todo llega a su cauce, y todo se retira cuando quiere. Nada depende de vos. Ni tu esfuerzo, ni tus ganas de ayudar a la gente, ni tu noble corazón.
A los sujetos aplanados, todo le importa un omelette. Así que no batas las claras, no separes la yema, porque no vale la pena.
Tómalo o déjalo. No empujes el río.
Divertite.
Los chicos malos tienen doble cara. Te valoran cuando sos cruel. O cuando ellos creen que lo sos. Porque no tengo ni una pizca de eso. No podría. No me sale.
Pero tampoco sirve ser la buenaza gratuita.
Soñaré con un balcón que se ha ido, con unas estrellas que dejaron de tintinear, con un personaje que ni la sabe dibujar.
viernes, 30 de noviembre de 2018
No te hagas la película
Ayer escapé sumergiéndome en Netflix. Aunque sabía que después te iba a extrañar.
El primer film «Sexo, amor y terapia», interesante. Espero que no estés en abstinencia. Es un chiste. Creo.
Mientras la veía, tomaba Flores de Bach. No tenía ganas de nada. La película y las esencias florales hicieron su efecto, y diez minutos antes de la clase de abdominales, me levanté de un salto, me cambié y fui para el gimnasio.
El pelado con su sonrisa te activa. Eligió AC&DC en los dos primeros temas y arrancamos. Mientras estamos acostados, hombres y mujeres, sonreimos y transpiramos. La clase se me pasó muy rápido, dijo el profe. A mí también, pasó volando.
Bajé después a las máquinas, y ya mi ánimo había cambiado.
Cuando estábamos en las colchonetas, pensé hace cuánto que no veo un hombre acostado a mi lado.
Volví a casa, y fuimos a Castelar. Compré Clematis, ya no podía pasar un día más sin esta esencia: tengo que aterrizar, dejar de estar pendiente, somnolienta y salir de la nebulosa de ese incipiente estado de enamoramiento.
A la noche, para evitar escribirte, puse otra comedia francesa, «No soy un hombre fácil». Propuesta distinta donde los hombres son usados por las mujeres, como sexo descartable.
Pero se hizo la media noche y me dormí pensándote. Y cuando abrí los ojos, estabas en mi mente como antes.
El primer film «Sexo, amor y terapia», interesante. Espero que no estés en abstinencia. Es un chiste. Creo.
Mientras la veía, tomaba Flores de Bach. No tenía ganas de nada. La película y las esencias florales hicieron su efecto, y diez minutos antes de la clase de abdominales, me levanté de un salto, me cambié y fui para el gimnasio.
El pelado con su sonrisa te activa. Eligió AC&DC en los dos primeros temas y arrancamos. Mientras estamos acostados, hombres y mujeres, sonreimos y transpiramos. La clase se me pasó muy rápido, dijo el profe. A mí también, pasó volando.
Bajé después a las máquinas, y ya mi ánimo había cambiado.
Cuando estábamos en las colchonetas, pensé hace cuánto que no veo un hombre acostado a mi lado.
Volví a casa, y fuimos a Castelar. Compré Clematis, ya no podía pasar un día más sin esta esencia: tengo que aterrizar, dejar de estar pendiente, somnolienta y salir de la nebulosa de ese incipiente estado de enamoramiento.
A la noche, para evitar escribirte, puse otra comedia francesa, «No soy un hombre fácil». Propuesta distinta donde los hombres son usados por las mujeres, como sexo descartable.
Pero se hizo la media noche y me dormí pensándote. Y cuando abrí los ojos, estabas en mi mente como antes.
jueves, 29 de noviembre de 2018
Déjame ser tu ansiolítico
Cruzo la plaza a las ocho de la mañana, las campanadas de la catedral me acompañan. Parece la toma de una película, cuando todo está por verse y el espectador implícitamente reclama.
Anteanoche me jugué yo, y me sorprendiste con tu espontaneidad. Fue una hora y media que pasó volando, entre mensajes, audios y tu llamada.
Ahora entiendo algunas cosas, y las consecuencias del ansiolítico que estás tomando. Tiene muchos efectos secundarios.
Me encantó hablar con vos, y bajó mi ansiedad por cierto. Aunque ya hoy despierto, y pienso: «¡Qué lindo sería que me llames, que la iniciativa sea tuya, que nos veamos!».
Ahora el G20 que nos deja sin trenes por dos días, para los que vivimos lejos del centro, es una traba, que por supuesto puede destrabarse, con el uber o un par de colectivos.
Hablar contigo me sirvió también para humanizarte, para bajar ese nivel de idealización que surge al comienzo, cuando recién te estás conociendo.
Ayer no fui al gimnasio, trabajé todo el día, y como nos quedamos hablando hasta las dos de la madrugada, había dormido poco. Aproveché para limpiar la casa, y de paso, ordenar mi cabeza. Por cierto, giré la cama con dirección sudoeste, la más óptima para el amor, según el Feng Shui (por sexo y año de nacimiento).
La lavandina pasó como el agua bendita y las pelusas fueron rescatadas. Ponpón dijo «el horno no está para bollos» y se fue al patio a cazar lagartijas. Se recuesta sobre las tibias baldosas, con la paciencia de un Buda. Espera las presas como absorta, hasta que el sonido de sus uñas, delatan sus corridas. Le gusta jugar entre las plantas, creyendo que está en la selva amazónica, hasta que el maullido de otro felino en la azotea, la invite con arrumacos a cambiar de juego.
Cuando hablamos, percibí el silencio de la noche, imaginé tu hogar, tus gatas mirando las estrellas, tu deseo de helado postergado, la atmósfera de tu mobiliario, con ese gusto personal de ese artista que clama por expresarse.
Y deseé estar ahí, muy pronto, con unas plantas resistentes a todo, que quiero llevarte. Se llaman «lazos de amor», y tienen unas flores muy pequeñas y blancas.
Anteanoche me jugué yo, y me sorprendiste con tu espontaneidad. Fue una hora y media que pasó volando, entre mensajes, audios y tu llamada.
Ahora entiendo algunas cosas, y las consecuencias del ansiolítico que estás tomando. Tiene muchos efectos secundarios.
Me encantó hablar con vos, y bajó mi ansiedad por cierto. Aunque ya hoy despierto, y pienso: «¡Qué lindo sería que me llames, que la iniciativa sea tuya, que nos veamos!».
Ahora el G20 que nos deja sin trenes por dos días, para los que vivimos lejos del centro, es una traba, que por supuesto puede destrabarse, con el uber o un par de colectivos.
Hablar contigo me sirvió también para humanizarte, para bajar ese nivel de idealización que surge al comienzo, cuando recién te estás conociendo.
Ayer no fui al gimnasio, trabajé todo el día, y como nos quedamos hablando hasta las dos de la madrugada, había dormido poco. Aproveché para limpiar la casa, y de paso, ordenar mi cabeza. Por cierto, giré la cama con dirección sudoeste, la más óptima para el amor, según el Feng Shui (por sexo y año de nacimiento).
La lavandina pasó como el agua bendita y las pelusas fueron rescatadas. Ponpón dijo «el horno no está para bollos» y se fue al patio a cazar lagartijas. Se recuesta sobre las tibias baldosas, con la paciencia de un Buda. Espera las presas como absorta, hasta que el sonido de sus uñas, delatan sus corridas. Le gusta jugar entre las plantas, creyendo que está en la selva amazónica, hasta que el maullido de otro felino en la azotea, la invite con arrumacos a cambiar de juego.
Cuando hablamos, percibí el silencio de la noche, imaginé tu hogar, tus gatas mirando las estrellas, tu deseo de helado postergado, la atmósfera de tu mobiliario, con ese gusto personal de ese artista que clama por expresarse.
Y deseé estar ahí, muy pronto, con unas plantas resistentes a todo, que quiero llevarte. Se llaman «lazos de amor», y tienen unas flores muy pequeñas y blancas.
martes, 27 de noviembre de 2018
Jugatela
¿Y si no te gustan los whatsap, cómo nos comunicamos? ¿Por telepatía?
Es tan difícil, cuando puede ser tan fácil.
¿Estás en Baires o volaste?
¿Estás confundido o deprimido?
¿Tenés miedo de no poder?
Me conoces tan poco entonces.
No sabes cómo soy.
Ni idea de lo que puedo darte, entender, o sorprender, hombre de las ventas. Porque sabes qué?
Lo que yo quiero, no se compra ni se vende.
Se entrega de corazón, sin condiciones, sin temores.
Uno no puede saber si no se arriesga.
Por eso lo que más quiero, es cerrar los ojos, y abrirlos a tu lado.
Es tan difícil, cuando puede ser tan fácil.
¿Estás en Baires o volaste?
¿Estás confundido o deprimido?
¿Tenés miedo de no poder?
Me conoces tan poco entonces.
No sabes cómo soy.
Ni idea de lo que puedo darte, entender, o sorprender, hombre de las ventas. Porque sabes qué?
Lo que yo quiero, no se compra ni se vende.
Se entrega de corazón, sin condiciones, sin temores.
Uno no puede saber si no se arriesga.
Por eso lo que más quiero, es cerrar los ojos, y abrirlos a tu lado.
De un polo a otro... «O mucho, o nada»
Estoy en un estado «Clematis». Una paz total, todo me importa un «egg», me encanta.
Tuve que ir a la clínica, había seis clientes esperando. Yo por el paro, lo daba descartado.
El duchazo terminó por despertarme, único modo de acomodar mi pelo que le gusta dormir alborotado.
El domingo me encontré con un amigo. No tenía nada que hacer y la final Boca-River se había suspendido. Como estoy con el lema «Dejar fluir», acepté, porque en otra época no hubiera ido. Recordé los consejos del libro «Las mujeres que aman demasiado» de Robin Norwood, tomar café con los buenos o aburridos, para que recuerdes lo que es ser bien tratada. Y es así, disfruté la charla, pero nada más. Mis hormonas no se despiertan con él. No, como el viernes, cuando lo que se había ido completamente, me firmó con unas gotas carmesí para recordarme: «Aquí estoy, todavía funciono, este macho te sacude, y aquí estoy bajando».
Pero había llegado el domingo, y una mezcla de sensaciones no agradables, me hicieron ocuparme del jardín. Sacar las malezas, me llevó toda la mañana. Y cuando surgió la invitación, acepté porque necesitaba distraerme. Me ayudaría a despejar la mente. Funcionaría como un sedante. Y ahí entendí todo, quien te quiere ver, te llama. Entonces pude comprender, que si tu tiempo no es el mío, no pasa nada. Las cosas sucederán sin empujar el río, como dice un libro que se aloja entre mis preferidos.
Charlamos de la vida, él cerveza, yo un cortado. Quiere que vayamos juntos de vacaciones... ¡si sólo compartimos un almuerzo y el café de ayer!. Sin hablar que en cuanto a beso, tiene mucho que aprender. Además, ¿cómo te vas a ir de viaje cuando no hubo sexo, ni lo va haber?
Me invitó a la piscina de su edificio, un día de estos calurosos... Agradezco la intención, pero paso. Y cuando volvíamos caminando, me preguntó si era la tercera vez que nos veíamos. «Second» respondí. Hace un mes, para su cumpleaños. Yo siempre apiadándome de todo, era su primera fecha, sin su hermano. Entonces, replica que fue la tercera vez que nos veíamos, contando cuando nos conocimos en el boliche de Belgrano. Aclaro los tantos para que comprendan lo irrisorio de su siguiente pregunta: «¿Qué somos?». Jaaa, pensé «Esto no está pasando». Y después de recomponerme respondí: «Somos dos personas que salieron». Obvié, decir, a tomar un café, porque agregar eso ya me parecía demasiado.
Clinck caja, arrivederci! Hasta aquí he llegado.
Tuve que ir a la clínica, había seis clientes esperando. Yo por el paro, lo daba descartado.
El duchazo terminó por despertarme, único modo de acomodar mi pelo que le gusta dormir alborotado.
El domingo me encontré con un amigo. No tenía nada que hacer y la final Boca-River se había suspendido. Como estoy con el lema «Dejar fluir», acepté, porque en otra época no hubiera ido. Recordé los consejos del libro «Las mujeres que aman demasiado» de Robin Norwood, tomar café con los buenos o aburridos, para que recuerdes lo que es ser bien tratada. Y es así, disfruté la charla, pero nada más. Mis hormonas no se despiertan con él. No, como el viernes, cuando lo que se había ido completamente, me firmó con unas gotas carmesí para recordarme: «Aquí estoy, todavía funciono, este macho te sacude, y aquí estoy bajando».
Pero había llegado el domingo, y una mezcla de sensaciones no agradables, me hicieron ocuparme del jardín. Sacar las malezas, me llevó toda la mañana. Y cuando surgió la invitación, acepté porque necesitaba distraerme. Me ayudaría a despejar la mente. Funcionaría como un sedante. Y ahí entendí todo, quien te quiere ver, te llama. Entonces pude comprender, que si tu tiempo no es el mío, no pasa nada. Las cosas sucederán sin empujar el río, como dice un libro que se aloja entre mis preferidos.
Charlamos de la vida, él cerveza, yo un cortado. Quiere que vayamos juntos de vacaciones... ¡si sólo compartimos un almuerzo y el café de ayer!. Sin hablar que en cuanto a beso, tiene mucho que aprender. Además, ¿cómo te vas a ir de viaje cuando no hubo sexo, ni lo va haber?
Me invitó a la piscina de su edificio, un día de estos calurosos... Agradezco la intención, pero paso. Y cuando volvíamos caminando, me preguntó si era la tercera vez que nos veíamos. «Second» respondí. Hace un mes, para su cumpleaños. Yo siempre apiadándome de todo, era su primera fecha, sin su hermano. Entonces, replica que fue la tercera vez que nos veíamos, contando cuando nos conocimos en el boliche de Belgrano. Aclaro los tantos para que comprendan lo irrisorio de su siguiente pregunta: «¿Qué somos?». Jaaa, pensé «Esto no está pasando». Y después de recomponerme respondí: «Somos dos personas que salieron». Obvié, decir, a tomar un café, porque agregar eso ya me parecía demasiado.
Clinck caja, arrivederci! Hasta aquí he llegado.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Kinesiología amorosa: un turno, por favor
Cartagena, el mar, la playa, los aviones. Acabo de ver «El hilo rojo», y me pregunté porqué te separaste. La verdad que no sabía que hacía tan poco. No suelo darle bola a los que están tan tiernos. Seis meses es poco tiempo.
Aunque para el inconsciente no hay un tiempo lineal. Lo que pasó hace veinte años puede estar tan fresco como las uvas arrancadas ayer de la parra. Y cuando las hojas flamean por el viento, si no viene la lluvia y te despierta, todavía crees estar viviendo un lapso de otra era añeja.
Me pregunto qué sabor tendrá el amor si viene de tus labios. Es otra cepa, es otra experiencia. Nada de lo nuevo tiene porque traer otros rastros. Sólo si están en tu cabeza, date tiempo a soltarlos.
Me pregunto a quién le hablo: si es a mí, si es a él, si es a ese espacio divino que tiene que ayudarnos.
Quiero saber si algo parecido a vivir tendrá sabor a tu nombre. Quiero jugar en la ola de tus brazos. Quiero empaparme en ese mar, porque flotar con vos me encanta.
Divertirme con esa química transformadora, con catalizadores naturales.
Quiero más, de esos dedos masajeando, las historias que mi piel tiene guardadas. Porque cada nudo que se deshace con tus manos, es un cielo que se abre.
Para sentirnos, para disfrutarlo.
Aunque para el inconsciente no hay un tiempo lineal. Lo que pasó hace veinte años puede estar tan fresco como las uvas arrancadas ayer de la parra. Y cuando las hojas flamean por el viento, si no viene la lluvia y te despierta, todavía crees estar viviendo un lapso de otra era añeja.
Me pregunto qué sabor tendrá el amor si viene de tus labios. Es otra cepa, es otra experiencia. Nada de lo nuevo tiene porque traer otros rastros. Sólo si están en tu cabeza, date tiempo a soltarlos.
Me pregunto a quién le hablo: si es a mí, si es a él, si es a ese espacio divino que tiene que ayudarnos.
Quiero saber si algo parecido a vivir tendrá sabor a tu nombre. Quiero jugar en la ola de tus brazos. Quiero empaparme en ese mar, porque flotar con vos me encanta.
Divertirme con esa química transformadora, con catalizadores naturales.
Quiero más, de esos dedos masajeando, las historias que mi piel tiene guardadas. Porque cada nudo que se deshace con tus manos, es un cielo que se abre.
Para sentirnos, para disfrutarlo.
sábado, 24 de noviembre de 2018
Con tus gatas de testigo
El partido se suspende quizás, como el nuestro que sigue suspendido. Pero lo digo con una sonrisa, porque me gustó verte.
Una serie de hechos se concatenaron ayer. Luego de atender cuatro clientes a la tarde, casi me quitan las ganas de ir al gimnasio. Y cuando voy, paso un mal momento. La zumba seguirá en penumbras, así que opto por bajar a la zona de las máquinas.
A la noche, cuando voy a reunirme con las chicas para ir al cumpleaños, pido a mi grupo de secundaria, por whatsap que me cambie la racha. Ellos no entienden, no entré en detalles, pero sus buenos augurios son potentes.
Vamos con Gabi y Gra en auto hasta lo de Flavio. Allí Gabi deja su auto, y cambiamos de vehículo, maneja su novio. La charla se torna fructífera en ese clima de amistad que se da en esos trayectos donde surgen diversos temas cotidianos, y de a poco nos vamos conociendo y apreciando. Hablamos de los lentes de contacto, la salud visual y los reencuentros casuales con nuestros compañeros del primario, y ahí develamos las fechas de parto de nuestras madres. Es decir, aunque lo suponíamos, nos sacamos todos las caretas.
Cuando llegamos a la disco de Núñez, el lugar explotaba de gerontes y de mujeres. Mi compañera de ruta propone el otro boliche. Nos escapamos por la tangente, y sutilmente nos despedimos de Gabi.
Llegamos al boliche de Devoto. Tranzamos en la puerta un dos por uno, pues ya era tarde. Mis ojos que no retienen caras, es una lotería si logro encontrarte.
De repente aparece de la nada, nos saludamos pero todo de cachete. Me puentea, aunque me duela. Dice que va por unos tragos y vuelve, pero pocos minutos después lo veo pasar con su amigo, sonriente, y sigue de largo. Me acabo de tragar un sapito.
Busco a Gra, y me encuentro por casualidad con Walter, mi compañero de Alco Liniers, con el que tenemos una estima de tantas cosas compartidas en ese grupo de adelgazamiento. Una vez, nos prometimos dejar el dulce de leche, a cambio de que él haga sus registros semanales. Nunca los hizo, aunque yo bajé el consumo del lácteo.
Encuentro a Gra que baila con un sujeto, quien me presenta a su amigo, y por azar quedamos bailando. Hablamos, reímos, y luego de esquivarlo no zafo. Termina el primer beso, largo y esmerado, pero no es lo mismo que sentí el viernes pasado. Lo cómico es que como bailabamos en el pasillo, junto al borde de la pista, mi peor es nada, bien parecido, al terminar la succión bucal cae redondo, sentado de cola, al piso. Es que se ha dado con los talones contra el borde de la pista. Menos mal que era un atlético profe de gimnasia. En ese momento, abro los ojos al finalizar el beso y lo veo tirado en el suelo. Se incorpora, le pregunto si está bien y después nos morimos de risa. Insiste con el aprete, y sugiere que nos vayamos los cuatro a la casa de su amigo. Un impertinente. Siento ganas de decirle claramente que se vaya, que si está desesperado por sexo, que siga buscando por otro lado en el boliche. Muchas se irían con él, pero yo paso. La pregunta, sobre irnos juntos, se repite, en distintos tiempos y bajo todas las variantes.
De pronto, te veo a dos metros, solo, sin tu amigo, sin tu trago. Sólo capto el brillo de tu mirada, y como quien ve el horizonte, me dirijo hacia vos directamente a abrazarte. Decís que querés saludarme porque te vas. Te disculpás por tu modo de responder los whatsap. Me decís que viajaste, e insistís en mostrarme los tickets. No hace falta, no soy la policía, prefiero mi intuición, y eso es bastante.
Nos sinceramos sobre lo sucedido en estos días. Me ponés unas excusas, que si bien son tu verdad, brota el rocío de mis ojos, más allá de que aún no ha amanecido.
No puedo despegarme, y cuando caduca esa actitud de noble amigo, ese que se resiste a besarme, estás ahí, de vuelta, alguien te ha regresado. Nos decimos todo, o por lo menos yo lo hago. No me importa nada. Lo que siento en nuestro abrazo, es reconfortante.
Querés ir al baño, y hemos pasado tanto tiempo ahí parados, hablandonos al oído, que no me da la cara para darme vuelta, y mirar al que dejé colgado. Huyo con vos de la mano, y te espero en la otra punta del lugar.
De la nada, aparece un pibe de Dover, que no me recuerda, y se ofrece a incluirme en una lista para entrar gratis al boliche con mis amigas. Me da su celular para que yo escriba el mío. Así lo hago, y me invita a la barra. Le digo que estoy esperando a alguien, rogando que se vaya. No quiero más confusiones esta noche, y me da miedo que salgas del toilette, e interpretes una idea equivocada. Respiro ya que aún no has salido, pero me equivoco, porque apareces a mi espalda. Has visto toda la escena. Me preguntás y te cuento. Decís que vos también me podes incluir en una lista de pase libre.
Más allá de lo anecdótico, parece que unas almas invisibles estuvieran jugando atrás nuestro, moviendo los hilos, como en el hip hop, para ver quién gana de ellos y se debaten separarnos o juntarnos.
Se me cruza la película «Los agentes del destino», y toda elucubración de leyendas, de ángeles y de hilos invisibles.
Después de eso, más besos, más confesiones, más deseos de querer verte. De local, de visitante, con tus mascotas, con una charla eterna, y con lo que surja naturalmente.
Una serie de hechos se concatenaron ayer. Luego de atender cuatro clientes a la tarde, casi me quitan las ganas de ir al gimnasio. Y cuando voy, paso un mal momento. La zumba seguirá en penumbras, así que opto por bajar a la zona de las máquinas.
A la noche, cuando voy a reunirme con las chicas para ir al cumpleaños, pido a mi grupo de secundaria, por whatsap que me cambie la racha. Ellos no entienden, no entré en detalles, pero sus buenos augurios son potentes.
Vamos con Gabi y Gra en auto hasta lo de Flavio. Allí Gabi deja su auto, y cambiamos de vehículo, maneja su novio. La charla se torna fructífera en ese clima de amistad que se da en esos trayectos donde surgen diversos temas cotidianos, y de a poco nos vamos conociendo y apreciando. Hablamos de los lentes de contacto, la salud visual y los reencuentros casuales con nuestros compañeros del primario, y ahí develamos las fechas de parto de nuestras madres. Es decir, aunque lo suponíamos, nos sacamos todos las caretas.
Cuando llegamos a la disco de Núñez, el lugar explotaba de gerontes y de mujeres. Mi compañera de ruta propone el otro boliche. Nos escapamos por la tangente, y sutilmente nos despedimos de Gabi.
Llegamos al boliche de Devoto. Tranzamos en la puerta un dos por uno, pues ya era tarde. Mis ojos que no retienen caras, es una lotería si logro encontrarte.
De repente aparece de la nada, nos saludamos pero todo de cachete. Me puentea, aunque me duela. Dice que va por unos tragos y vuelve, pero pocos minutos después lo veo pasar con su amigo, sonriente, y sigue de largo. Me acabo de tragar un sapito.
Busco a Gra, y me encuentro por casualidad con Walter, mi compañero de Alco Liniers, con el que tenemos una estima de tantas cosas compartidas en ese grupo de adelgazamiento. Una vez, nos prometimos dejar el dulce de leche, a cambio de que él haga sus registros semanales. Nunca los hizo, aunque yo bajé el consumo del lácteo.
Encuentro a Gra que baila con un sujeto, quien me presenta a su amigo, y por azar quedamos bailando. Hablamos, reímos, y luego de esquivarlo no zafo. Termina el primer beso, largo y esmerado, pero no es lo mismo que sentí el viernes pasado. Lo cómico es que como bailabamos en el pasillo, junto al borde de la pista, mi peor es nada, bien parecido, al terminar la succión bucal cae redondo, sentado de cola, al piso. Es que se ha dado con los talones contra el borde de la pista. Menos mal que era un atlético profe de gimnasia. En ese momento, abro los ojos al finalizar el beso y lo veo tirado en el suelo. Se incorpora, le pregunto si está bien y después nos morimos de risa. Insiste con el aprete, y sugiere que nos vayamos los cuatro a la casa de su amigo. Un impertinente. Siento ganas de decirle claramente que se vaya, que si está desesperado por sexo, que siga buscando por otro lado en el boliche. Muchas se irían con él, pero yo paso. La pregunta, sobre irnos juntos, se repite, en distintos tiempos y bajo todas las variantes.
De pronto, te veo a dos metros, solo, sin tu amigo, sin tu trago. Sólo capto el brillo de tu mirada, y como quien ve el horizonte, me dirijo hacia vos directamente a abrazarte. Decís que querés saludarme porque te vas. Te disculpás por tu modo de responder los whatsap. Me decís que viajaste, e insistís en mostrarme los tickets. No hace falta, no soy la policía, prefiero mi intuición, y eso es bastante.
Nos sinceramos sobre lo sucedido en estos días. Me ponés unas excusas, que si bien son tu verdad, brota el rocío de mis ojos, más allá de que aún no ha amanecido.
No puedo despegarme, y cuando caduca esa actitud de noble amigo, ese que se resiste a besarme, estás ahí, de vuelta, alguien te ha regresado. Nos decimos todo, o por lo menos yo lo hago. No me importa nada. Lo que siento en nuestro abrazo, es reconfortante.
Querés ir al baño, y hemos pasado tanto tiempo ahí parados, hablandonos al oído, que no me da la cara para darme vuelta, y mirar al que dejé colgado. Huyo con vos de la mano, y te espero en la otra punta del lugar.
De la nada, aparece un pibe de Dover, que no me recuerda, y se ofrece a incluirme en una lista para entrar gratis al boliche con mis amigas. Me da su celular para que yo escriba el mío. Así lo hago, y me invita a la barra. Le digo que estoy esperando a alguien, rogando que se vaya. No quiero más confusiones esta noche, y me da miedo que salgas del toilette, e interpretes una idea equivocada. Respiro ya que aún no has salido, pero me equivoco, porque apareces a mi espalda. Has visto toda la escena. Me preguntás y te cuento. Decís que vos también me podes incluir en una lista de pase libre.
Más allá de lo anecdótico, parece que unas almas invisibles estuvieran jugando atrás nuestro, moviendo los hilos, como en el hip hop, para ver quién gana de ellos y se debaten separarnos o juntarnos.
Se me cruza la película «Los agentes del destino», y toda elucubración de leyendas, de ángeles y de hilos invisibles.
Después de eso, más besos, más confesiones, más deseos de querer verte. De local, de visitante, con tus mascotas, con una charla eterna, y con lo que surja naturalmente.
viernes, 23 de noviembre de 2018
Solamente era hip hop...
Clase de hip hop, paso a paso, buena iluminación, profesora copada y didáctica. Disfrutamos de la clase, con un buen estiramiento previo.
Cuando termina comienza a entrar gente al salón, hombres y mujeres, reparten colchonetas. «¿Qué es?» pregunto a una compañera. «Clase de abdominales». Ingresa un pelado y nos saluda uno por uno. Es el profe que con una sonrisa, nos ha hecho ejercitar de lo lindo. Abdominales en todas las posiciones. Recordé cuando entrenaba básquet a los quince años con «Musculito», así le decían al entrenador.
Aunque ayer, apenas podía seguir el ritmo, pero las piruetas que hacíamos me producían risa. Me divertí, hasta que el profe apareció con unos discos gruesos y gigantes de caucho del tamaño de una taza de rueda de auto. Yo ni soñando iba a levantar eso. Pues soñé, no me quedó otra, nos pasábamos la pesa gigante en cada subida de nuestro abdomen. Interceptado con lagartijas, fuerza de brazos que es lo que menos tengo. Pasaron los treinta minutos más intensos de los últimos tiempos. De pronto me hizo acordar a Rami, y su energía e inventiva cuando nos uníamos en el medio de tantos besos y caricias.
Fin de la clase, espero la profe de zumba, que no viene. El pelado me invita a unirme a su clase de spinning. Otra media hora a todo galope, mirando hacia abajo o hacia la derecha, donde abajo todos están a full corriendo o haciendo ejercicios en las máquinas. Es que otra vez, las luces psicodélicas de colores me molestan.
La he pasado lindo. Y hoy con ganas de atravesar las nuevas locuras del gimnasio. Hay que atreverse.
Cuando termina comienza a entrar gente al salón, hombres y mujeres, reparten colchonetas. «¿Qué es?» pregunto a una compañera. «Clase de abdominales». Ingresa un pelado y nos saluda uno por uno. Es el profe que con una sonrisa, nos ha hecho ejercitar de lo lindo. Abdominales en todas las posiciones. Recordé cuando entrenaba básquet a los quince años con «Musculito», así le decían al entrenador.
Aunque ayer, apenas podía seguir el ritmo, pero las piruetas que hacíamos me producían risa. Me divertí, hasta que el profe apareció con unos discos gruesos y gigantes de caucho del tamaño de una taza de rueda de auto. Yo ni soñando iba a levantar eso. Pues soñé, no me quedó otra, nos pasábamos la pesa gigante en cada subida de nuestro abdomen. Interceptado con lagartijas, fuerza de brazos que es lo que menos tengo. Pasaron los treinta minutos más intensos de los últimos tiempos. De pronto me hizo acordar a Rami, y su energía e inventiva cuando nos uníamos en el medio de tantos besos y caricias.
Fin de la clase, espero la profe de zumba, que no viene. El pelado me invita a unirme a su clase de spinning. Otra media hora a todo galope, mirando hacia abajo o hacia la derecha, donde abajo todos están a full corriendo o haciendo ejercicios en las máquinas. Es que otra vez, las luces psicodélicas de colores me molestan.
La he pasado lindo. Y hoy con ganas de atravesar las nuevas locuras del gimnasio. Hay que atreverse.
jueves, 22 de noviembre de 2018
Asomando al entusiasmo
Más allá de mi reflexión de ayer, me hizo muy bien empezar el gimnasio.
La energía cambió.
Salí de la clase y quería ir a caminar a la plaza. Lo postergué porque ya era tarde.
Fue la conjunción de la música, la aceptación del cambio de iluminación por la profesora, la interacción con la gente, y el moverse a ritmo.
Voy a traer todo lo que haga bien a mi vida. Aunque me cueste decidirme y arrancar. Diseñar los hábitos, y no claudicar en el intento.
Amarse es darse uno primero. Dejar de postergar. Correr por la suerte. Buscarla. Desearla, y hacer algo.
Es que vengo escuchando tantos clientes haciendo deporte, bailando, corriendo, andando en bicicleta, nadando... que me persuadieron, a Dios gracias.
Que tengan buen día, lo mejor hay que ir a buscarlo.
Y por añadidura, cuando tu aura cambia, ese imán invisible es un verdadero llamador de lo potable.
La energía cambió.
Salí de la clase y quería ir a caminar a la plaza. Lo postergué porque ya era tarde.
Fue la conjunción de la música, la aceptación del cambio de iluminación por la profesora, la interacción con la gente, y el moverse a ritmo.
Voy a traer todo lo que haga bien a mi vida. Aunque me cueste decidirme y arrancar. Diseñar los hábitos, y no claudicar en el intento.
Amarse es darse uno primero. Dejar de postergar. Correr por la suerte. Buscarla. Desearla, y hacer algo.
Es que vengo escuchando tantos clientes haciendo deporte, bailando, corriendo, andando en bicicleta, nadando... que me persuadieron, a Dios gracias.
Que tengan buen día, lo mejor hay que ir a buscarlo.
Y por añadidura, cuando tu aura cambia, ese imán invisible es un verdadero llamador de lo potable.
Prender la luz blanca
Hoy me decidí. A hacer algo para mí, fui a zumba. Contenta por la decisión, me llevé un chasco. Me encontré con una clase a oscuras, con un juego de luces de colores en continuo movimiento, que me encandilaban y me mareaban.
Le dije que estaba todo oscuro, que no veía nada, y pretendió solucionarlo, ubicándome al lado de ella, adelante. Peor porque la luz colorida más me encandilaba.
Ese tipo de luces, por el juego de movimiento que hacen, son inconvenientes para personas que padecen epilepsia, pues altera el sistema neuronal y puede provocar una crisis epiléptica. Lo mismo puede suceder si se expone un epiléptico a ver ciertos dibujos animados, que se desarrollen con ese tipo de movimiento de luces e imágenes intermitentes. Me lo ha explicado el médico en relación a los cuidados que debía tomar con Julieta, cuando era pequeña.
En mi caso, que mi vista no es la más óptima, toda esta situación era bastante incómoda. Y aunque estaba con mis lentes de contacto, no estaba disfrutando de la clase en absoluto. Después de media hora, se lo dije nuevamente. Ahí se dio cuenta, y prendió la luz, aunque las luces azules, rojas y verdes seguían en plena actividad, y aunque no me mareaban tanto, había quedado en mi cerebro grabado ese permanente juego fotógrafico de flashes, por lo cual tenía que hacer un esfuerzo para evitar mirarlas porque me seguían molestando.
La idea es que si vas a una clase de zumba, vas a aprender pasos, y a seguir una coreografía. Imaginate el trabajo de coordinación, con la dificultad visual de tener que adivinarlo. Porque estábamos en penumbras.
Me pregunto ¿dónde está el sentido común?
Esta frivolidad es parte de esta moda donde todo es espuma, pero nada es claro.
Sé que para algunos será una exageración lo que planteo, pero ,¿dónde está la seriedad o la profesionalidad para encarar una tarea como esta?
Pienso que nos llenamos de cosas superfluas, y no cuidamos lo esencial. Tanto en este ejemplo que doy, como en las relaciones actuales, donde el compromiso está visto como demodé, y la frivolidad como un código usual. Es decir, lo lógico termina siendo descartado.
Hoy la luz blanca era lo lógico en la clase de baile, y lo perturbador era la oscuridad porque no podía ver los pasos.
En este sentido, esto es lo que tenemos que revertir hoy: poner lo lógico adelante, y deshacernos de esa perturbadora frivolidad, que no nos deja ver dónde pisamos, con quién estamos. Y en el medio de esa confusión o estado de penumbra, es difícil mirarnos a los ojos como sociedad, y por eso se dificultan tanto las relaciones humanas. Ya que el compromiso, la preocupación por el otro, y la autenticidad, están desvalorizados.
Le dije que estaba todo oscuro, que no veía nada, y pretendió solucionarlo, ubicándome al lado de ella, adelante. Peor porque la luz colorida más me encandilaba.
Ese tipo de luces, por el juego de movimiento que hacen, son inconvenientes para personas que padecen epilepsia, pues altera el sistema neuronal y puede provocar una crisis epiléptica. Lo mismo puede suceder si se expone un epiléptico a ver ciertos dibujos animados, que se desarrollen con ese tipo de movimiento de luces e imágenes intermitentes. Me lo ha explicado el médico en relación a los cuidados que debía tomar con Julieta, cuando era pequeña.
En mi caso, que mi vista no es la más óptima, toda esta situación era bastante incómoda. Y aunque estaba con mis lentes de contacto, no estaba disfrutando de la clase en absoluto. Después de media hora, se lo dije nuevamente. Ahí se dio cuenta, y prendió la luz, aunque las luces azules, rojas y verdes seguían en plena actividad, y aunque no me mareaban tanto, había quedado en mi cerebro grabado ese permanente juego fotógrafico de flashes, por lo cual tenía que hacer un esfuerzo para evitar mirarlas porque me seguían molestando.
La idea es que si vas a una clase de zumba, vas a aprender pasos, y a seguir una coreografía. Imaginate el trabajo de coordinación, con la dificultad visual de tener que adivinarlo. Porque estábamos en penumbras.
Me pregunto ¿dónde está el sentido común?
Esta frivolidad es parte de esta moda donde todo es espuma, pero nada es claro.
Sé que para algunos será una exageración lo que planteo, pero ,¿dónde está la seriedad o la profesionalidad para encarar una tarea como esta?
Pienso que nos llenamos de cosas superfluas, y no cuidamos lo esencial. Tanto en este ejemplo que doy, como en las relaciones actuales, donde el compromiso está visto como demodé, y la frivolidad como un código usual. Es decir, lo lógico termina siendo descartado.
Hoy la luz blanca era lo lógico en la clase de baile, y lo perturbador era la oscuridad porque no podía ver los pasos.
En este sentido, esto es lo que tenemos que revertir hoy: poner lo lógico adelante, y deshacernos de esa perturbadora frivolidad, que no nos deja ver dónde pisamos, con quién estamos. Y en el medio de esa confusión o estado de penumbra, es difícil mirarnos a los ojos como sociedad, y por eso se dificultan tanto las relaciones humanas. Ya que el compromiso, la preocupación por el otro, y la autenticidad, están desvalorizados.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
Desde la profundidad del estanque
De noche, no escucho tu voz, no recuerdo tus palabras.
El péndulo contesta lo que mi corazón necesita.
De todos modos, me siento liberada.
Me hace bien descargar, aliviana mi sueño, para que desaparezcan tus pecas.
¿Cómo es sentir únicamente con los instintos, sin mediatizar los sentimientos?
Hoy reemplazan este término por «emoción», pero creo que una persona que registra del otro lado, a un ser humano, debe preguntarse: «¿qué siente?» o «¿sentirá lo mismo que yo?».
Por eso digo que «emoción» es otra palabra de moda, y no lo que realmente sucede cuando un alma se encuentra con otra.
Y desde ese lugar, la única manera de mirarte es con los ojos que desbordan ese brillo que viene desde la profundidad, y sólo si tenés ternura y comprensión por el otro, podés entenderlo.
El péndulo contesta lo que mi corazón necesita.
De todos modos, me siento liberada.
Me hace bien descargar, aliviana mi sueño, para que desaparezcan tus pecas.
¿Cómo es sentir únicamente con los instintos, sin mediatizar los sentimientos?
Hoy reemplazan este término por «emoción», pero creo que una persona que registra del otro lado, a un ser humano, debe preguntarse: «¿qué siente?» o «¿sentirá lo mismo que yo?».
Por eso digo que «emoción» es otra palabra de moda, y no lo que realmente sucede cuando un alma se encuentra con otra.
Y desde ese lugar, la única manera de mirarte es con los ojos que desbordan ese brillo que viene desde la profundidad, y sólo si tenés ternura y comprensión por el otro, podés entenderlo.
lunes, 19 de noviembre de 2018
Amorosa sí, ingenua no
Tres días para desenamorarme.
Respuesta a un audio, veinticuatro horas después, con dos palabras: «Muchas gracias». Al que contesté, sin atragantarme: «De nada».
En la psicopatía se pasa de la dulzura a la frialdad, sin culpa, y con pleno disfrute de sentir la angustia del otro.
Menos mal que no me fui con él, hace tres noches, porque estaría llorando por los rincones.
Por suerte, le escribí a un conocido para que nos contacte con una radio para hacer programa. Eso me sacó de foco, y como la energía se percibe, así estés a kilómetros de distancia, el psicopatón usó sus dedos para deslizarlos en el teclado, y soltar como si diera un vuelto: «Muchas gracias».
Agradezco a Dios que siempre me cuida, porque le pido que lo haga.
Tenemos mucho que hacer en este mundo, para dejar que un sujeto nos quiera tapar el sol con la mano.
Respuesta a un audio, veinticuatro horas después, con dos palabras: «Muchas gracias». Al que contesté, sin atragantarme: «De nada».
En la psicopatía se pasa de la dulzura a la frialdad, sin culpa, y con pleno disfrute de sentir la angustia del otro.
Menos mal que no me fui con él, hace tres noches, porque estaría llorando por los rincones.
Por suerte, le escribí a un conocido para que nos contacte con una radio para hacer programa. Eso me sacó de foco, y como la energía se percibe, así estés a kilómetros de distancia, el psicopatón usó sus dedos para deslizarlos en el teclado, y soltar como si diera un vuelto: «Muchas gracias».
Agradezco a Dios que siempre me cuida, porque le pido que lo haga.
Tenemos mucho que hacer en este mundo, para dejar que un sujeto nos quiera tapar el sol con la mano.
No sueñes que se terminó... porque apenas empezó
No me puedo dormir. Hace rato que alguien no me inspiraba a escribir. Tenía el blog olvidado, harapiento, casi te diría con telarañas por todos los rincones. Pero alguien abrió una ventana, sin permiso, y se empezó a filtrar la luz. Como esos rayos de sol que hacen juego de luces y sombras en el flotar del polvo.
Es cierto que en este tiempo, estaba tan out, que ni siquiera tenía ganas de sexo. Sin embargo, un combo perfecto se desarrolló como el esbozo de un cuadro a pinceladas crudas: la música, el baile y tus masajes en mi espalda, más tus besos robasueños, me llevaron a un punto en que sólo experimentaba el estiramiento de un círculo perfecto esperando por el dardo de tus deseos. Eso era lo que sentía, cuando te decía que me moría de ganas, y vos más te esforzabas para que cediera.
Mencionaste que me ibas a cuidar, palabra que resonó, como un cuenco tibetano en mis oídos. Si supieras que hace tanto tiempo, no siento que alguien me cuide, que esa frase fue otra varita mágica como parte de tu hechizo.
Lo hubiera hecho con gusto, pero la última vez que me dejé llevar por mis instintos, salí peleada del telo.
Me pregunto, si te habrás ofendido por no haberme ido contigo, señor egocéntrico... lo digo con cariño.
Por lo menos ahora, se me ha ido el dramatismo. La angustia y la ansiedad han desaparecido. Porque si no me llamas, estoy segura de encontrarte en el mismo sitio.
Recuerdo que dijiste haberme visto tres veces, antes de acercarte a la pista. Te dije que estaba aburrida, y que casi estaba por irme. Señalaste que no era así, y que incluso me viste muy bien acompañada. En ese momento, no se me ocurrió nada. Pero luego, hice un raconto, y recordé tres ocasiones. Cuando bailaba con frenesí con mi amiga. Cuando en la barra, se acercó un amigo fachero de Dover y tuvimos un breve diálogo, mientras él se tomaba un whisky. Y por último, cuando un pesado, pasado de copas, me sujetó las muñecas levantándome las manos para bailar con tanta fuerza que no podía zafarme. O sea, que sos experto en hacerte la película.
Ahora que ya hice mis descargos, espero vencer al insomnio, y de verdad soñarte como antesala del show en vivo.
Es cierto que en este tiempo, estaba tan out, que ni siquiera tenía ganas de sexo. Sin embargo, un combo perfecto se desarrolló como el esbozo de un cuadro a pinceladas crudas: la música, el baile y tus masajes en mi espalda, más tus besos robasueños, me llevaron a un punto en que sólo experimentaba el estiramiento de un círculo perfecto esperando por el dardo de tus deseos. Eso era lo que sentía, cuando te decía que me moría de ganas, y vos más te esforzabas para que cediera.
Mencionaste que me ibas a cuidar, palabra que resonó, como un cuenco tibetano en mis oídos. Si supieras que hace tanto tiempo, no siento que alguien me cuide, que esa frase fue otra varita mágica como parte de tu hechizo.
Lo hubiera hecho con gusto, pero la última vez que me dejé llevar por mis instintos, salí peleada del telo.
Me pregunto, si te habrás ofendido por no haberme ido contigo, señor egocéntrico... lo digo con cariño.
Por lo menos ahora, se me ha ido el dramatismo. La angustia y la ansiedad han desaparecido. Porque si no me llamas, estoy segura de encontrarte en el mismo sitio.
Recuerdo que dijiste haberme visto tres veces, antes de acercarte a la pista. Te dije que estaba aburrida, y que casi estaba por irme. Señalaste que no era así, y que incluso me viste muy bien acompañada. En ese momento, no se me ocurrió nada. Pero luego, hice un raconto, y recordé tres ocasiones. Cuando bailaba con frenesí con mi amiga. Cuando en la barra, se acercó un amigo fachero de Dover y tuvimos un breve diálogo, mientras él se tomaba un whisky. Y por último, cuando un pesado, pasado de copas, me sujetó las muñecas levantándome las manos para bailar con tanta fuerza que no podía zafarme. O sea, que sos experto en hacerte la película.
Ahora que ya hice mis descargos, espero vencer al insomnio, y de verdad soñarte como antesala del show en vivo.
El libro más antiguo del mundo: ¿Amor es una palabra extraña?
Domingo feriado, es la noche.
Despierta. Quiero salir, pero no salen. Mis amigas ocupadas: con el novio, de vacaciones cortas, en casa de la madre, etc.
Salir para encontrar un amor.
Otros para tener sexo.
Están los que se refugian en la barra, los que no se animan a hablar, los que toman coraje con un trago.
Mañana voy a despertar, pensando porqué no salí. Seguramente fastidiada, sólo por eso. Hasta que me resigne y se me pase... cuestión de minutos.
Ya sé, el viernes la pasé bárbaro, pero todo es tan efímero.
Y encima sin perder zapatos, sin carroza porque no puedo bajar la aplicación de uber, sin príncipe porque no me llama....jaaa... no es una tragicomedia. Es la vida en la era 2018, donde el amor, el romance, el que alguien te quiera, que te sostenga de la mano, parece un libro antiguo caído de la biblioteca, o un best-seller agotado.
Despierta. Quiero salir, pero no salen. Mis amigas ocupadas: con el novio, de vacaciones cortas, en casa de la madre, etc.
Salir para encontrar un amor.
Otros para tener sexo.
Están los que se refugian en la barra, los que no se animan a hablar, los que toman coraje con un trago.
Mañana voy a despertar, pensando porqué no salí. Seguramente fastidiada, sólo por eso. Hasta que me resigne y se me pase... cuestión de minutos.
Ya sé, el viernes la pasé bárbaro, pero todo es tan efímero.
Y encima sin perder zapatos, sin carroza porque no puedo bajar la aplicación de uber, sin príncipe porque no me llama....jaaa... no es una tragicomedia. Es la vida en la era 2018, donde el amor, el romance, el que alguien te quiera, que te sostenga de la mano, parece un libro antiguo caído de la biblioteca, o un best-seller agotado.
domingo, 18 de noviembre de 2018
Aceites de mi cuerpo, aromas de mi alma
A veces se siente en el alma, es como el ida y vuelta del universo, la energía que se emana. El sexto sentido.
Un popurrí de frases bellas en un pañuelo de abrazos. Asado preparado por tus manos, con la compañía de tus gatos. El Sivori, el jardín japonés, la charla íntima sobre el I Ching, el Feng Shui, y todos los mazos del tarot que prácticamente regalé en una librería hace años, porque no podía dejar de tirarlos. Por esa misma razón, mientras vos sos fan de la astrología y el esoterismo, yo he dejado todo esto a un lado. Aunque, de vez en cuando, una guiñada de ojo, me hace consultarlo. Sólo me quedé con el oráculo del tarot de Osho Zen, su lectura, al pie de la letra, párrafo a párrafo, es un seminario completo de sabiduría. Osho no escribió libros, pero sus charlas fueron recopiladas en textos. Amaría pasar una tarde disfrutando con vos este intercambio.
A veces, el péndulo de cuarzo rosa que compré en San Luis, contesta mis preguntas. Me calma como un bálsamo. Pero la sensibilidad es la parte más importante de mi alma. Disfruto, gozo, me entrego, aunque no haya todavía sexo. Mientras que el tic tac mental, intenta frenarme con su desconfianza, su protectora cautela.
¿Es tan difícil un encuentro, un intercambio? ¿Siquiera, unas palabras electrónicas que le den sentido a nuestra existencia?
Decir amor, parece ser mala palabra. Un clishe pasado de moda, una obra de arte tan antigua que a nadie se le cruza por la cabeza, comprarla.
Pero mi corazón no está en venta, sólo necesita de alguien que pueda valorarlo. Sin prometer nada, sólo dejarse llevar en esta subasta, como un experto en arte, donde se valora el desapego del artista, la buena calidad de las pinturas y el vuelo expansivo del autor, que tiene las manchas frescas esparcidas en su cuerpo, de tanto sudor sensual que hicieron brotar esos abrazos.
Un popurrí de frases bellas en un pañuelo de abrazos. Asado preparado por tus manos, con la compañía de tus gatos. El Sivori, el jardín japonés, la charla íntima sobre el I Ching, el Feng Shui, y todos los mazos del tarot que prácticamente regalé en una librería hace años, porque no podía dejar de tirarlos. Por esa misma razón, mientras vos sos fan de la astrología y el esoterismo, yo he dejado todo esto a un lado. Aunque, de vez en cuando, una guiñada de ojo, me hace consultarlo. Sólo me quedé con el oráculo del tarot de Osho Zen, su lectura, al pie de la letra, párrafo a párrafo, es un seminario completo de sabiduría. Osho no escribió libros, pero sus charlas fueron recopiladas en textos. Amaría pasar una tarde disfrutando con vos este intercambio.
A veces, el péndulo de cuarzo rosa que compré en San Luis, contesta mis preguntas. Me calma como un bálsamo. Pero la sensibilidad es la parte más importante de mi alma. Disfruto, gozo, me entrego, aunque no haya todavía sexo. Mientras que el tic tac mental, intenta frenarme con su desconfianza, su protectora cautela.
¿Es tan difícil un encuentro, un intercambio? ¿Siquiera, unas palabras electrónicas que le den sentido a nuestra existencia?
Decir amor, parece ser mala palabra. Un clishe pasado de moda, una obra de arte tan antigua que a nadie se le cruza por la cabeza, comprarla.
Pero mi corazón no está en venta, sólo necesita de alguien que pueda valorarlo. Sin prometer nada, sólo dejarse llevar en esta subasta, como un experto en arte, donde se valora el desapego del artista, la buena calidad de las pinturas y el vuelo expansivo del autor, que tiene las manchas frescas esparcidas en su cuerpo, de tanto sudor sensual que hicieron brotar esos abrazos.
sábado, 17 de noviembre de 2018
Fútbol mata galán
Cuando pensás en no ir más a un lugar y las circunstancias te conducen ahí.
Y la recompensa es que te va bien.
Muchas coincidencias en una mezcla candente que se extingue al amanecer. Como dice un amigo, me desintegro cuando sale el sol.
Mis ojos me demandan dormir cuando la luna custodia las estrellas, y yo hubiera deseado que el custodio del brazo tatuado con la mano de los cinco mandamientos, que desconozco cuáles son, hubiera terminado la tarea que anoche postergué.
Fútbol extenuante, dio motivo para aplazar la montaña de caricias que nos debemos. A decir verdad, mi letargo se hace presente, acostarme a las siete de la mañana, tiene su costo.
Espero verte, y me encantaría conocer a tu pequeño moreno de cinco años, cuando venga para las fiestas.
Y la recompensa es que te va bien.
Muchas coincidencias en una mezcla candente que se extingue al amanecer. Como dice un amigo, me desintegro cuando sale el sol.
Mis ojos me demandan dormir cuando la luna custodia las estrellas, y yo hubiera deseado que el custodio del brazo tatuado con la mano de los cinco mandamientos, que desconozco cuáles son, hubiera terminado la tarea que anoche postergué.
Fútbol extenuante, dio motivo para aplazar la montaña de caricias que nos debemos. A decir verdad, mi letargo se hace presente, acostarme a las siete de la mañana, tiene su costo.
Espero verte, y me encantaría conocer a tu pequeño moreno de cinco años, cuando venga para las fiestas.
domingo, 4 de noviembre de 2018
Gripe, tos y miedos infundados
Que esta tos, resfrío, catarro, representa una pequeña crisis de algo que no quiero enfrentar, dice el libro, es cierto, y me hago cargo.
Que es el modo de mantener alejados a las personas, también es verdadero. Y sí, a una persona en especial, que si bien quiero ver, mi inconsciente dice que no. Le agarra chucho, miedito...bla bla bla... y todas esas cosas que no he podido superar: ¿Enamorarme y sufrir? ¿Exponerme otra vez? ¿Que me lastimen nuevamente? ¿Padecer maltrato?
Todo eso fue pasado Ely ¿Cuándo lo vas a entender? ¡Sos dura eh! Dura como un cascote! Fuiste a la Universidad, pero tu corazón parece que no, que está atrasado diez años luz ¡Qué barbaridad! ¡Querida soltá los trapitos! Son viejos, están podridos, son hilachas que se vuelan con el primer viento. ¿Cuándo vas a evolucionar? ¡Tanto leer Brian Weiss! Y tanta psicología al pepe...
¡Madurá, crece, despertá!
¡Tenés que atravesar esto, darle la mano y confiar!
A pesar de la edad, de que ayer volviendo del shopping, ya no te interesaba verlo, y no entendías porqué, hasta que te diste cuenta que te habías cruzado con bebés hermosos, y que sabías que es algo que él tiene pendiente, y que eso es algo imposible para vos. Ahí te enfrentaste con la realidad, con el deseo del otro, y clink caja hizo tu inconsciente: cuenta cerrada.
Te la pasas boicoteando tu vida de tanto pensar. Tomá Scleranthus y dejate de joder! Saca el pie del freno, apreta el acelerador y disfrutá este viaje, dure lo que dure. Que él no es un ingenuo, y sabe lo que hace. Por algo fue a ese boliche de gente grande.
Que es el modo de mantener alejados a las personas, también es verdadero. Y sí, a una persona en especial, que si bien quiero ver, mi inconsciente dice que no. Le agarra chucho, miedito...bla bla bla... y todas esas cosas que no he podido superar: ¿Enamorarme y sufrir? ¿Exponerme otra vez? ¿Que me lastimen nuevamente? ¿Padecer maltrato?
Todo eso fue pasado Ely ¿Cuándo lo vas a entender? ¡Sos dura eh! Dura como un cascote! Fuiste a la Universidad, pero tu corazón parece que no, que está atrasado diez años luz ¡Qué barbaridad! ¡Querida soltá los trapitos! Son viejos, están podridos, son hilachas que se vuelan con el primer viento. ¿Cuándo vas a evolucionar? ¡Tanto leer Brian Weiss! Y tanta psicología al pepe...
¡Madurá, crece, despertá!
¡Tenés que atravesar esto, darle la mano y confiar!
A pesar de la edad, de que ayer volviendo del shopping, ya no te interesaba verlo, y no entendías porqué, hasta que te diste cuenta que te habías cruzado con bebés hermosos, y que sabías que es algo que él tiene pendiente, y que eso es algo imposible para vos. Ahí te enfrentaste con la realidad, con el deseo del otro, y clink caja hizo tu inconsciente: cuenta cerrada.
Te la pasas boicoteando tu vida de tanto pensar. Tomá Scleranthus y dejate de joder! Saca el pie del freno, apreta el acelerador y disfrutá este viaje, dure lo que dure. Que él no es un ingenuo, y sabe lo que hace. Por algo fue a ese boliche de gente grande.
sábado, 3 de noviembre de 2018
Trabajo versus respeto
Nos decepciona.
Nos duele.
Porque son nuestra sangre, pero las acciones y las palabras elegidas por personas arrogantes, no tienen en cuenta la fragilidad de quien tienen enfrente. Ni el parentesco, ni que es una adolescente, que tenía depositado en él, toda su confianza y lealtad.
Es su primera relación laboral, y deseo que pueda deshacerse de este mal capítulo. La vi llorar tres días y me preocupa. Ella debe saber que se merece lo mejor.
Es cruel. Es doloroso. Pero tal vez pasó porque esto debía tener un final, un adiós.
Ahora está decidida a encontrar un mejor lugar, mejor pago, y un nuevo trabajo aparecerá.
Dios la proteja.
Nos duele.
Porque son nuestra sangre, pero las acciones y las palabras elegidas por personas arrogantes, no tienen en cuenta la fragilidad de quien tienen enfrente. Ni el parentesco, ni que es una adolescente, que tenía depositado en él, toda su confianza y lealtad.
Es su primera relación laboral, y deseo que pueda deshacerse de este mal capítulo. La vi llorar tres días y me preocupa. Ella debe saber que se merece lo mejor.
Es cruel. Es doloroso. Pero tal vez pasó porque esto debía tener un final, un adiós.
Ahora está decidida a encontrar un mejor lugar, mejor pago, y un nuevo trabajo aparecerá.
Dios la proteja.
viernes, 2 de noviembre de 2018
Bendecir con el rocío
Te extraño.
Te pienso.
Podemos jugar a que no hay edad.
Siempre me gusta ser clara, pero hoy no quiero claridad, sólo dejarme llevar.
La tormenta de la gripe está pasando, las nubes alejando, tanto... que sólo quiero cerrar mis párpados y hundirme en tu hombro.
Sin límites. Sin exigencias. Sin condiciones.
Lo único que necesito es comprensión, y el pensar en esta idea hace que el rocío del amanecer limpie mis ojos, para ver una nueva realidad, sin Halloween, sin cucos que aún no puedo olvidar.
Te pienso.
Podemos jugar a que no hay edad.
Siempre me gusta ser clara, pero hoy no quiero claridad, sólo dejarme llevar.
La tormenta de la gripe está pasando, las nubes alejando, tanto... que sólo quiero cerrar mis párpados y hundirme en tu hombro.
Sin límites. Sin exigencias. Sin condiciones.
Lo único que necesito es comprensión, y el pensar en esta idea hace que el rocío del amanecer limpie mis ojos, para ver una nueva realidad, sin Halloween, sin cucos que aún no puedo olvidar.
martes, 30 de octubre de 2018
Bellos faroles
Dulce de leche,
mi calmante.
Esta noche
en la mesa de luz.
Gripe y resfrío,
significado psicológico:
confusión, miedo,
suceden demasiadas cosas
a la vez.
Me cuesta respirar.
El 242 un poroto.
La vida se desvana en hojuelas
de un árbol de otoño
que ya no puede más.
Quiere llegar al invierno,
dormir,
y olvidarlo todo.
Nadie se entrega en Navidad.
Sin embargo,
no se ha percatado,
es primavera.
Tiene un desfasaje de tiempos
en su inconsciente.
Un collage que reflota
con cada encuentro,
hasta que aprenda a confiar.
Mientras tanto,
las luces de la calle
iluminan el camino por tramos,
porque los tilos encapsulan
el tenue brillo
de las altas lámparas.
Con su frondosidad
cualquier sesgo de duda,
se disimula,
y la incertidumbre
se disfraza.
Para no sentir,
para no exponerse a nada.
Lo hace tan bien
que nadie parece darse cuenta.
Camuflada en la noche
esconde ese rostro,
que alguna vez lloró.
Apagó la luz,
y se mimetizó
con la actitud social general.
Y por su costo energético
se privatizó.
Aumentó tanto su tarifa
que nadie accedía a su esplendor.
La luz la entregó,
y ya no sabe encenderse,
excepto que
un noble corazón
la ponga en marcha nuevamente.
Puedes cruzar ese camino oscuro,
porque ya no hay callejón.
Solamente
abriendo los ojos
como bellos faroles
para encontrar el amor.
mi calmante.
Esta noche
en la mesa de luz.
Gripe y resfrío,
significado psicológico:
confusión, miedo,
suceden demasiadas cosas
a la vez.
Me cuesta respirar.
El 242 un poroto.
La vida se desvana en hojuelas
de un árbol de otoño
que ya no puede más.
Quiere llegar al invierno,
dormir,
y olvidarlo todo.
Nadie se entrega en Navidad.
Sin embargo,
no se ha percatado,
es primavera.
Tiene un desfasaje de tiempos
en su inconsciente.
Un collage que reflota
con cada encuentro,
hasta que aprenda a confiar.
Mientras tanto,
las luces de la calle
iluminan el camino por tramos,
porque los tilos encapsulan
el tenue brillo
de las altas lámparas.
Con su frondosidad
cualquier sesgo de duda,
se disimula,
y la incertidumbre
se disfraza.
Para no sentir,
para no exponerse a nada.
Lo hace tan bien
que nadie parece darse cuenta.
Camuflada en la noche
esconde ese rostro,
que alguna vez lloró.
Apagó la luz,
y se mimetizó
con la actitud social general.
Y por su costo energético
se privatizó.
Aumentó tanto su tarifa
que nadie accedía a su esplendor.
La luz la entregó,
y ya no sabe encenderse,
excepto que
un noble corazón
la ponga en marcha nuevamente.
Puedes cruzar ese camino oscuro,
porque ya no hay callejón.
Solamente
abriendo los ojos
como bellos faroles
para encontrar el amor.
lunes, 29 de octubre de 2018
¿Y si la oruga se transforma en mariposa?
Una manera nueva de ver las cosas.
Pedir en tu grupo de compañeros de Whatsap lo que quieres, ya que es realmente milagroso por la energía que le ponemos a los rezos, yo me atrevo, me juego y confieso: quiero un novio.
Es que todas las noches, a cierta hora, el emoticon de palmas juntas elevadas hacia el cielo, simbolizan nuestras energías encauzadas por un fin noble: pedimos por la sanación de compañeros y de familiares, y se incluyen otros deseos básicos que surgen en el momento.
Entonces, si yo me atrevo a exponerme, a contar la realidad (aunque no cuento nada, ellos sólo se hacen la cabeza por la hora que vuelvo), y pedir amor, porque no es algo vanal, es un anhelo auténtico.
Lo que significa dejar de caretearla y sincerarme con lo que deseo. Guau! Requiere valentía y caradurez para hacerlo.
Algunos, que me verán fría o superada, se preguntan «¿Es en serio?».
Los que se aburren de sus matrimonios, me dicen que así estás mejor, que después no salís.
Eso es decisión de cada uno. Podes salir y tener con quien compartir amor.
Y frente a este pedido, lo que me toca es vencer el miedo. Arriesgarme, aunque no pueda dormir. Aunque tenga que salir de la cama, para prepararme Flores de Bach (Mimulus, Rock Rose, Agrimony, Cherry Plum, White Chesnut). Pero pasan las horas, y si no saco todo esto que siento escribiendo, seguiré girando entre las sábanas.
Arriesgarse, intentar un romance, una relación, un encuentro, es como una crisálida, si pensás en el pasado, se ve feo, pero si al menos, lo intento, seré una mariposa volando, polinizando cada flor a mi paso, hasta encontrar el amor.
Pedir en tu grupo de compañeros de Whatsap lo que quieres, ya que es realmente milagroso por la energía que le ponemos a los rezos, yo me atrevo, me juego y confieso: quiero un novio.
Es que todas las noches, a cierta hora, el emoticon de palmas juntas elevadas hacia el cielo, simbolizan nuestras energías encauzadas por un fin noble: pedimos por la sanación de compañeros y de familiares, y se incluyen otros deseos básicos que surgen en el momento.
Entonces, si yo me atrevo a exponerme, a contar la realidad (aunque no cuento nada, ellos sólo se hacen la cabeza por la hora que vuelvo), y pedir amor, porque no es algo vanal, es un anhelo auténtico.
Lo que significa dejar de caretearla y sincerarme con lo que deseo. Guau! Requiere valentía y caradurez para hacerlo.
Algunos, que me verán fría o superada, se preguntan «¿Es en serio?».
Los que se aburren de sus matrimonios, me dicen que así estás mejor, que después no salís.
Eso es decisión de cada uno. Podes salir y tener con quien compartir amor.
Y frente a este pedido, lo que me toca es vencer el miedo. Arriesgarme, aunque no pueda dormir. Aunque tenga que salir de la cama, para prepararme Flores de Bach (Mimulus, Rock Rose, Agrimony, Cherry Plum, White Chesnut). Pero pasan las horas, y si no saco todo esto que siento escribiendo, seguiré girando entre las sábanas.
Arriesgarse, intentar un romance, una relación, un encuentro, es como una crisálida, si pensás en el pasado, se ve feo, pero si al menos, lo intento, seré una mariposa volando, polinizando cada flor a mi paso, hasta encontrar el amor.
miércoles, 23 de mayo de 2018
Las Aparicio, curso acelerado de amor expreso
Estoy haciendo un curso acelerado con «Las Aparicio». Entras a la pecera de Netflix y se acabó el mundo. No existen más los noticieros, ni nada que se le parezca. Ya no prendo más el televisor, salvo a la mañana cuando me despierto. Me gusta ver a Favale (¡cómo se cuida con la dieta! ...todo lo que a mí me cuesta). Veo la temperatura y no siento que soy la única que se levanta tan temprano.
Ahora yendo a Mardel.
Pronto estaremos con el curso de stand up, una forma de decir ridiculeces legalmente. En realidad, de buscar el opuesto de lo que hace más de veinte años vengo haciendo: escuchar los problemas de la gente.
¿Les dije que ya no los aguanto más?
Me quiero reír, es lo único que quiero en esta etapa.
Hacer la vida sencilla, ligera, alegre.
Ahora mis ojos se despejarán en el paisaje del viaje.
Y seguiré con mis lecciones de la serie «Las Aparicio» para volver a creer que todavía se puede.
Ahora yendo a Mardel.
Pronto estaremos con el curso de stand up, una forma de decir ridiculeces legalmente. En realidad, de buscar el opuesto de lo que hace más de veinte años vengo haciendo: escuchar los problemas de la gente.
¿Les dije que ya no los aguanto más?
Me quiero reír, es lo único que quiero en esta etapa.
Hacer la vida sencilla, ligera, alegre.
Ahora mis ojos se despejarán en el paisaje del viaje.
Y seguiré con mis lecciones de la serie «Las Aparicio» para volver a creer que todavía se puede.
sábado, 12 de mayo de 2018
Tokio, Nairobi, Ely....
Acabo de descubrir que la remera roja que me he puesto, tiene una explicación. Ahora entiendo esa lista de ciudades que tiene impresa. Y sin querer la puse en la portada de este blog.
Son los nombres claves de los personajes de la serie «La casa de papel».
¿Qué tienen esos protagonistas que rayan el límite de lo prohibido?
Que encuentran el amor sin quererlo.
Es que todos deseamos amar.
Ese rojo que enciende la imaginación. Donde los sueños se encuentran con escollos pero que puedes zigzaguear.
Valiente el que pide amor.
Jugoso, quien lo da.
Todas las opciones están.
Todas las oportunidades por buscar.
La vida es buscar.
Sin tapujos.
Todo se puede encontrar.
También el amor, aunque hace mucho que parece hacerse desear.
Son los nombres claves de los personajes de la serie «La casa de papel».
¿Qué tienen esos protagonistas que rayan el límite de lo prohibido?
Que encuentran el amor sin quererlo.
Es que todos deseamos amar.
Ese rojo que enciende la imaginación. Donde los sueños se encuentran con escollos pero que puedes zigzaguear.
Valiente el que pide amor.
Jugoso, quien lo da.
Todas las opciones están.
Todas las oportunidades por buscar.
La vida es buscar.
Sin tapujos.
Todo se puede encontrar.
También el amor, aunque hace mucho que parece hacerse desear.
viernes, 11 de mayo de 2018
¿Dónde encuentro o cómo busco la canela de la vida?
No dormí en toda la noche viendo «La casa de papel», la segunda temporada. La primera la vi hace un par de días, con los ojos abiertos hasta las 4 de la madrugada. Sin duda, no puedo ver Netflix durante la semana, porque eso implica trasnochar e ir a trabajar sin dormir nada.
El dinero, el tiempo, el amor, el mundo financiero (bicicleta, curro, o como le llames) son algunos temas de esta serie. Pero el principal es esa desigualdad de oportunidades, de riqueza y de clases sociales.
La equidad parece algo difícil en este mundo. Pero nos acostumbramos a ello, y sobrevivimos como si fuera parte del juego y no le damos importancia.
Mientras tanto, conectarme con el mundo real me cuesta mucho. Quizá por falta de fe, porque no me ilusiono o no sueño como antes. Y no se cómo recuperar esa chispa que me hacía buscar gente, tener sueños, o desear enamorarme.
Paralelo a esto, tengo un síntoma que ha aparecido después de un par de noticias que me shokearon. No sé si es real o si estoy somatizando.
La indiferencia es lo más fuerte en este momento. Me siento inmunizada a cualquier sentimiento, y a la vez, mi sensibilidad es tan fuerte que no deseo exponerme a nada.
Quiero pensar que puedo cambiar esto, que puedo ser un humano con las sensaciones, las ganas y las posibilidades que experimentaba antes de que me lastimaran.
Necesito saber que del otro lado pueda haber alguien que me entusiasme, que provoque en mí ese deseo que he perdido, porque siento que la vida sin amor no tiene gusto a nada.
El dinero, el tiempo, el amor, el mundo financiero (bicicleta, curro, o como le llames) son algunos temas de esta serie. Pero el principal es esa desigualdad de oportunidades, de riqueza y de clases sociales.
La equidad parece algo difícil en este mundo. Pero nos acostumbramos a ello, y sobrevivimos como si fuera parte del juego y no le damos importancia.
Mientras tanto, conectarme con el mundo real me cuesta mucho. Quizá por falta de fe, porque no me ilusiono o no sueño como antes. Y no se cómo recuperar esa chispa que me hacía buscar gente, tener sueños, o desear enamorarme.
Paralelo a esto, tengo un síntoma que ha aparecido después de un par de noticias que me shokearon. No sé si es real o si estoy somatizando.
La indiferencia es lo más fuerte en este momento. Me siento inmunizada a cualquier sentimiento, y a la vez, mi sensibilidad es tan fuerte que no deseo exponerme a nada.
Quiero pensar que puedo cambiar esto, que puedo ser un humano con las sensaciones, las ganas y las posibilidades que experimentaba antes de que me lastimaran.
Necesito saber que del otro lado pueda haber alguien que me entusiasme, que provoque en mí ese deseo que he perdido, porque siento que la vida sin amor no tiene gusto a nada.
domingo, 6 de mayo de 2018
¿Hacia dónde voy?
En estos días leí un libro hermoso de Elizabeth Kubler-Ross.
Hace un par de días, un amigo del grupo de Dover murió, luego de unos llamativos spots en su Facebook, de un paro cardíaco mientras dormía.
Hace tres semanas, mis padres han ido a la Virgen de Salta en busca de un milagro.
Estando en casa de una amiga, me llamaba la atención un libro que veía, de lejos, en la biblioteca, sin llegar a distinguirlo. Luego de un incesante lapso de curiosidad, me acerqué a verlo: «La rueda de la vida».
No sé si es todo junto, que de a momentos siento una ligera tristeza.
¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Seguir aburriendome o hacer algo distinto?
Me urge salir del letargo, y que algo me entusiasme. Es que ya ni siquiera se me ocurre enamorarme.
El living es un desorden. Tantos papeles para hacer los informes, que no se quieren ir a su lugar. No se quieren guardar. Están rebeldes. Ocupando una centralidad que no merecen. Desvirtuando mi mente para no pensar.
Me ahogo en un vaso de angustia, medio vacío o medio lleno. Depende de la perspectiva del día, o de la cantidad de lluvia caída.
Necesito un sol este domingo, que me invite a salir, a entibiar mis heridas.
Ponerme los rollers para sentirme libre, viva, con energía.
No se puede estar solo cuando el corazón tiene trizas.
¿Cómo hago para hacer durar al menos una dieta? Mantener una conducta que me ordene.
Gritar al viento que necesito libertad, que necesito un motivo para sostener una meta. Creo que bajando todos esos kilos que me pesan, recuperaría un estado de vigor que ahora no tengo. No sólo es la estética, ni el peso real que se carga a expensas del cansancio, sino una cuestión de autoestima y fuerza personal, que hoy necesito con desesperación. Porque verme bien y tratarme bien, es quererme.
Fluir, intuición, soledad, ideas nuevas... ¿Para dónde voy en este zig zigzag que me aprisiona, que me arroja del camino, que me hace trepar como sea para sentir que el aquí y ahora, tienen sentido?
La culpa es mía. Por quedarme en la chatura, por no creer en mis planes, que se esfuman con una brisa.
Sin plan, sin organizarme, sin disciplina, no pasa nada.
Las cosas no se hacen de repente. En este caso, necesito sostenerlo en el tiempo.
Debo hacer un viraje. Ángel de la Guarda, si estás ahí, ayudame, que sola no puedo.
Hace un par de días, un amigo del grupo de Dover murió, luego de unos llamativos spots en su Facebook, de un paro cardíaco mientras dormía.
Hace tres semanas, mis padres han ido a la Virgen de Salta en busca de un milagro.
Estando en casa de una amiga, me llamaba la atención un libro que veía, de lejos, en la biblioteca, sin llegar a distinguirlo. Luego de un incesante lapso de curiosidad, me acerqué a verlo: «La rueda de la vida».
No sé si es todo junto, que de a momentos siento una ligera tristeza.
¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Seguir aburriendome o hacer algo distinto?
Me urge salir del letargo, y que algo me entusiasme. Es que ya ni siquiera se me ocurre enamorarme.
El living es un desorden. Tantos papeles para hacer los informes, que no se quieren ir a su lugar. No se quieren guardar. Están rebeldes. Ocupando una centralidad que no merecen. Desvirtuando mi mente para no pensar.
Me ahogo en un vaso de angustia, medio vacío o medio lleno. Depende de la perspectiva del día, o de la cantidad de lluvia caída.
Necesito un sol este domingo, que me invite a salir, a entibiar mis heridas.
Ponerme los rollers para sentirme libre, viva, con energía.
No se puede estar solo cuando el corazón tiene trizas.
¿Cómo hago para hacer durar al menos una dieta? Mantener una conducta que me ordene.
Gritar al viento que necesito libertad, que necesito un motivo para sostener una meta. Creo que bajando todos esos kilos que me pesan, recuperaría un estado de vigor que ahora no tengo. No sólo es la estética, ni el peso real que se carga a expensas del cansancio, sino una cuestión de autoestima y fuerza personal, que hoy necesito con desesperación. Porque verme bien y tratarme bien, es quererme.
Fluir, intuición, soledad, ideas nuevas... ¿Para dónde voy en este zig zigzag que me aprisiona, que me arroja del camino, que me hace trepar como sea para sentir que el aquí y ahora, tienen sentido?
La culpa es mía. Por quedarme en la chatura, por no creer en mis planes, que se esfuman con una brisa.
Sin plan, sin organizarme, sin disciplina, no pasa nada.
Las cosas no se hacen de repente. En este caso, necesito sostenerlo en el tiempo.
Debo hacer un viraje. Ángel de la Guarda, si estás ahí, ayudame, que sola no puedo.
lunes, 30 de abril de 2018
Cuando no importa que se ofendan
Hablar de lo que mejor no recordar.
Hay temas que no tienen sentido.
Entiendo lo que pasa y porqué me comporto así. Es cuestión de supervivencia.
No me gusta revolver, porque sé que no puedo resolver.
Sé que la solución está en una flor de Bach, ¿pero cuál elegir?
Quiero vivir liberada. Necesito vivir como antes. Hace 25 años cuando tenía energía para todo, cuando estaba realmente viva.
¿Quiénes nos minaron los sueños? ¿Por qué nos dejamos derrotar? ¿Cómo recuperar el placer de estar vivo?
No voy a juntarme con gente que me hace mal, que me maltrata o condiciona, que no me deja ser.
Cuando las amistades son padeceres, prefiero salir sola.
No me cuesta nada hacer amistades, hablar con quien me atrae. Lo he experimentado.
Este es un tiempo para elegir y elegirme.
Un tiempo para decidir por mí y por lo que me hace bien.
Los amigos verdaderos no te juzgan, no te condicionan, no te ningunean.
Hoy elijo priorizarme, quererme y olvidarme de los que me hacen mal.
Es mi tiempo. Es mi derecho. Es mi alegría. Tengo que acrecentarla. Nadie lo hará por mí. Nadie.
Hay temas que no tienen sentido.
Entiendo lo que pasa y porqué me comporto así. Es cuestión de supervivencia.
No me gusta revolver, porque sé que no puedo resolver.
Sé que la solución está en una flor de Bach, ¿pero cuál elegir?
Quiero vivir liberada. Necesito vivir como antes. Hace 25 años cuando tenía energía para todo, cuando estaba realmente viva.
¿Quiénes nos minaron los sueños? ¿Por qué nos dejamos derrotar? ¿Cómo recuperar el placer de estar vivo?
No voy a juntarme con gente que me hace mal, que me maltrata o condiciona, que no me deja ser.
Cuando las amistades son padeceres, prefiero salir sola.
No me cuesta nada hacer amistades, hablar con quien me atrae. Lo he experimentado.
Este es un tiempo para elegir y elegirme.
Un tiempo para decidir por mí y por lo que me hace bien.
Los amigos verdaderos no te juzgan, no te condicionan, no te ningunean.
Hoy elijo priorizarme, quererme y olvidarme de los que me hacen mal.
Es mi tiempo. Es mi derecho. Es mi alegría. Tengo que acrecentarla. Nadie lo hará por mí. Nadie.
sábado, 28 de abril de 2018
El guión se escribe afuera
Música, bullicio, un montón de gente cenando en las mesas de la pista, que se desarmarán para cuando arranque el baile.
Esta noche recorrí los cien barrios porteños.
En la tarde fui a la peluquería. Justo a punto de peinarme, después de larga espera, me decidí por el alisado. Es que la humedad lo hacía indomable. Ya para esto, mi compañera se bajó del plan, porque a última hora tuvo una reunión de trabajo. En ese momento, la tormenta hacía sus primeros flameos en las hojas de los árboles. Entonces pensé, si Ariana no va, y saliendo en medio de la lluvia sin paraguas, no hay brushing que aguante. Saqué mis frascos con los químicos, adiós conferencia y prioricé mi belleza. ¿A quién no le viene bien un tratamiento estético, sobre todo con este pelo?
Pero la peluquera fue más rápida que un bombero y a las 6 pm estaba en casa. Capuchino al paso, mientras me cambiaba. Dudoso clima, milagroso llegar de Morón a Recoleta en una hora, con entrada gratuita, sujeta según la capacidad de la sala, para ver a Campanella y a su maestro José Martínez Suárez.
El milagro se dio, llegué pasando por el 97, el tren, el subte H y el 102. «Es por esta calle donde vas vos» dijo el chofer, y agregó «Esta zona es muy segura porque está lleno de embajadas».
Por fin di con la casa de Victoria Ocampo, e ingresé a la charla. Espectacular. Me encanta escuchar estos tipos que hicieron y hacen cine. El señor ochentoso, de un humor mágico. Pícaro, resuelto, y desafiante. Me preguntó si lo iba a guardar, cuando le pedí un autógrafo.
Un rato antes, cuando nos permitieron interrogar, lancé la primera pregunta a Campanella: «¿Qué fue lo que te enganchó para querer hacer otra vez esa película? Me dijo que si me lo decía, me la contaba. Pero para no dejarme con las ganas, señaló que el guión estaba lleno de sorpresas, y que le gustaban esos personajes de edad avanzada porque estaban llenos de experiencias.
Una vida que amenaza, decía el cineasta, refiriéndose a estos ilustres protagonistas de su film. Y me hizo pensar que cuando estiramos el tiempo como un chicle, por no vivir como queremos, quedamos pegoteados.
Salí del la exposición, plena, sin saber adónde ir. ¿Costanera o Nuñez? ¿Chetísimo o clase media? ¿Lugar casi nuevo, o viejo conocido?
Caminé para tomar el 160, cuando me chistó una rotisería de empanadas tucumanas. Hasta los perritos mimosos, paseados por sus dueños, movían la cola al pasar por la puerta. Pedí un par y las saboreé mientras caminaba.
Como era temprano me fui a un bar de helados artesanales.
Luego, retrocedí para tomar el 160 y a tirar la moneda. Que el destino decidiera. Me llevó al restó del sábado pasado. Esta vez no tuve suerte, me rebotaron a mí, y a un par de tipos lindos sin mesa reservada. Una chica altísima llegó y la hicieron pasar por conocida y porque unas amigas adentro la esperaban. Mmmmm... sin palabras.
Caminé algunas cuadras por la Costanera. Parejas, familias, amigos estaban con sus cañas de pescar, y el picnic completo.
Cuando el talón me avisó que no quería patear más, me tomé un taxi hasta la cancha de River. El conductor, delatado por su acento raro, me confesó que era oriundo de Armenia.
Con la excusa del pipi-room me permitieron pasar antes de tiempo, mientras transcurre la cena informal, y aquí estoy, sentada, escribiendo esta reseña. ¿El mundo está aquí afuera, no? Hoy salgo a buscarlo.
Esta noche recorrí los cien barrios porteños.
En la tarde fui a la peluquería. Justo a punto de peinarme, después de larga espera, me decidí por el alisado. Es que la humedad lo hacía indomable. Ya para esto, mi compañera se bajó del plan, porque a última hora tuvo una reunión de trabajo. En ese momento, la tormenta hacía sus primeros flameos en las hojas de los árboles. Entonces pensé, si Ariana no va, y saliendo en medio de la lluvia sin paraguas, no hay brushing que aguante. Saqué mis frascos con los químicos, adiós conferencia y prioricé mi belleza. ¿A quién no le viene bien un tratamiento estético, sobre todo con este pelo?
Pero la peluquera fue más rápida que un bombero y a las 6 pm estaba en casa. Capuchino al paso, mientras me cambiaba. Dudoso clima, milagroso llegar de Morón a Recoleta en una hora, con entrada gratuita, sujeta según la capacidad de la sala, para ver a Campanella y a su maestro José Martínez Suárez.
El milagro se dio, llegué pasando por el 97, el tren, el subte H y el 102. «Es por esta calle donde vas vos» dijo el chofer, y agregó «Esta zona es muy segura porque está lleno de embajadas».
Por fin di con la casa de Victoria Ocampo, e ingresé a la charla. Espectacular. Me encanta escuchar estos tipos que hicieron y hacen cine. El señor ochentoso, de un humor mágico. Pícaro, resuelto, y desafiante. Me preguntó si lo iba a guardar, cuando le pedí un autógrafo.
Un rato antes, cuando nos permitieron interrogar, lancé la primera pregunta a Campanella: «¿Qué fue lo que te enganchó para querer hacer otra vez esa película? Me dijo que si me lo decía, me la contaba. Pero para no dejarme con las ganas, señaló que el guión estaba lleno de sorpresas, y que le gustaban esos personajes de edad avanzada porque estaban llenos de experiencias.
Una vida que amenaza, decía el cineasta, refiriéndose a estos ilustres protagonistas de su film. Y me hizo pensar que cuando estiramos el tiempo como un chicle, por no vivir como queremos, quedamos pegoteados.
Salí del la exposición, plena, sin saber adónde ir. ¿Costanera o Nuñez? ¿Chetísimo o clase media? ¿Lugar casi nuevo, o viejo conocido?
Caminé para tomar el 160, cuando me chistó una rotisería de empanadas tucumanas. Hasta los perritos mimosos, paseados por sus dueños, movían la cola al pasar por la puerta. Pedí un par y las saboreé mientras caminaba.
Como era temprano me fui a un bar de helados artesanales.
Luego, retrocedí para tomar el 160 y a tirar la moneda. Que el destino decidiera. Me llevó al restó del sábado pasado. Esta vez no tuve suerte, me rebotaron a mí, y a un par de tipos lindos sin mesa reservada. Una chica altísima llegó y la hicieron pasar por conocida y porque unas amigas adentro la esperaban. Mmmmm... sin palabras.
Caminé algunas cuadras por la Costanera. Parejas, familias, amigos estaban con sus cañas de pescar, y el picnic completo.
Cuando el talón me avisó que no quería patear más, me tomé un taxi hasta la cancha de River. El conductor, delatado por su acento raro, me confesó que era oriundo de Armenia.
Con la excusa del pipi-room me permitieron pasar antes de tiempo, mientras transcurre la cena informal, y aquí estoy, sentada, escribiendo esta reseña. ¿El mundo está aquí afuera, no? Hoy salgo a buscarlo.
sábado, 7 de abril de 2018
Receteandome
Al atardecer, luego de la lluvia, aproveché para revisar el libro que quedó olvidado el año pasado. Pude verlo más de lejos, desapegado de cosas que están en mi cabeza pero que en ese momento no pude transmitir para que el futuro lector entienda. Quizás porque conservaba ataduras de la historia que me tenían atrapada, sin poder soltarlas.
Desprenderse y no ser juez de uno mismo es tan liberador.
Todas las cosas que quiero lograr un sábado a la mañana, no puedo postergarlas más. Tengo que hacer lo importante, porque lo otro puede esperar.
Es hora de vestirme, y salir a caminar.
Desprenderse y no ser juez de uno mismo es tan liberador.
Todas las cosas que quiero lograr un sábado a la mañana, no puedo postergarlas más. Tengo que hacer lo importante, porque lo otro puede esperar.
Es hora de vestirme, y salir a caminar.
domingo, 25 de marzo de 2018
¿Cómo lo logro?
Vengo de ver a una amiga, grande, mayor que yo, con una vitalidad que contagia, asombra, entusiasma.
En mi letargo de domingo soleado y sola, me he descubierto enrollada en pensamientos que no conducen a nada y que me enriendan en un sin cesar de vueltas que me ahogan en pequeñas decisiones que no soy capaz de tomar.
La vida es una recta con tropezones, para que te levantes sin cesar, y no te ahogues en un pasado donde los amores tristísimos hunden pequeñas heridas que aún no han cicatrizado.
Feliz, de poder ayudar a mi hija para que sea todo lo feliz que yo no pude ser a su edad. Por una educación reprimida donde todo debía hacerse a escondidas o enfrentar infinitas discusiones para poder rebelarme frente a las injusticias.
Ser mujer en soledad es duro. Ser hombre en soledad, lo mismo. No tiene que ver con sexos. Te ahogás si estás solo. Un domingo levantándote sola, es tranquilo, pero cuando las horas transcurren te sentís realmente sola.
Nos necesitamos como seres humanos. No podemos estar solos, ni nos merecemos esto.
Luchar por la felicidad, es una constante batalla contra esa depresión que asoma y tenés que hundir de un masazo, para no dejarte vencer.
Que Dios nos ayude a superarnos, a ser felices, a tener la capacidad de pedir ayuda, y decirle al otro cuánto lo necesitás.
En mi letargo de domingo soleado y sola, me he descubierto enrollada en pensamientos que no conducen a nada y que me enriendan en un sin cesar de vueltas que me ahogan en pequeñas decisiones que no soy capaz de tomar.
La vida es una recta con tropezones, para que te levantes sin cesar, y no te ahogues en un pasado donde los amores tristísimos hunden pequeñas heridas que aún no han cicatrizado.
Feliz, de poder ayudar a mi hija para que sea todo lo feliz que yo no pude ser a su edad. Por una educación reprimida donde todo debía hacerse a escondidas o enfrentar infinitas discusiones para poder rebelarme frente a las injusticias.
Ser mujer en soledad es duro. Ser hombre en soledad, lo mismo. No tiene que ver con sexos. Te ahogás si estás solo. Un domingo levantándote sola, es tranquilo, pero cuando las horas transcurren te sentís realmente sola.
Nos necesitamos como seres humanos. No podemos estar solos, ni nos merecemos esto.
Luchar por la felicidad, es una constante batalla contra esa depresión que asoma y tenés que hundir de un masazo, para no dejarte vencer.
Que Dios nos ayude a superarnos, a ser felices, a tener la capacidad de pedir ayuda, y decirle al otro cuánto lo necesitás.
jueves, 15 de marzo de 2018
El amor con semilla costera
Juli se llevó el paraguas, así que salí rogando que no se largara a llover otra vez, cuando me avisaron que el cliente había llegado. Nunca los conozco, es decir, no los he visto antes.
Entro como una tromba a la oficina, y veo dos sujetos así de refilón. Un joven con su madre. Ambos hacen el ademán para levantarse y pregunto quién tuvo el accidente, y entonces retruco que venga él solo.
Comienzo con la entrevista y noto que además de amoroso, el pibe es un lord. Con sus veintiséis años, es gerente en una empresa, estudia trabajo social, porque le gusta ayudar, y martillero público para ganar plata. Es el menor de cuatro hermanas, un dulce total.
Le pregunté si había venido con su madre. Me he equivocado. Es su novia de cincuenta años. Se conocieron en Mardel, hace dos años en un boliche sobre la costa, cerca del.puerto, que ya no está más. Me cuenta que conoció el amor.
Me dice que a veces va a bailar con sus amigos, pero cada tanto. Deportista, prolijo, bien lookeado. Un alma de esas tan buenas que es increíble para estos tiempos de touch&go.
Parte con todos los saludos amabilísimos que te puedas imaginar. Vuelve a golpear la puerta para hacer una última pregunta, y me quedo pensando que él me ha dado todas las respuestas, aún hay esperanza para que encuentre el amor.
Entro como una tromba a la oficina, y veo dos sujetos así de refilón. Un joven con su madre. Ambos hacen el ademán para levantarse y pregunto quién tuvo el accidente, y entonces retruco que venga él solo.
Comienzo con la entrevista y noto que además de amoroso, el pibe es un lord. Con sus veintiséis años, es gerente en una empresa, estudia trabajo social, porque le gusta ayudar, y martillero público para ganar plata. Es el menor de cuatro hermanas, un dulce total.
Le pregunté si había venido con su madre. Me he equivocado. Es su novia de cincuenta años. Se conocieron en Mardel, hace dos años en un boliche sobre la costa, cerca del.puerto, que ya no está más. Me cuenta que conoció el amor.
Me dice que a veces va a bailar con sus amigos, pero cada tanto. Deportista, prolijo, bien lookeado. Un alma de esas tan buenas que es increíble para estos tiempos de touch&go.
Parte con todos los saludos amabilísimos que te puedas imaginar. Vuelve a golpear la puerta para hacer una última pregunta, y me quedo pensando que él me ha dado todas las respuestas, aún hay esperanza para que encuentre el amor.
domingo, 25 de febrero de 2018
Viajar «alone»
Tengo sueño. Las aventuras hay que salir a buscarlas. Mientras Ro se baña, yo me iría a casa a dormir.
Propuse salir. Pero la modorra me gana. ¿Dónde conocer el amor? ¿Cómo encontrarlo?
Parece que en un par de semanas tendré que viajar sola. ¿Y si aprendo a hacer algo distinto? Sé que no me gusta estar sola, es todo un desafío. No sé muy bien qué hacer. Aunque sé que debo ir...pero estar en el mar y no quedarme un par de días con lo que adoro ese paisaje, es desaprovechar tanto viaje.
Veremos, veremos... dijo un ciego... mmmm
Propuse salir. Pero la modorra me gana. ¿Dónde conocer el amor? ¿Cómo encontrarlo?
Parece que en un par de semanas tendré que viajar sola. ¿Y si aprendo a hacer algo distinto? Sé que no me gusta estar sola, es todo un desafío. No sé muy bien qué hacer. Aunque sé que debo ir...pero estar en el mar y no quedarme un par de días con lo que adoro ese paisaje, es desaprovechar tanto viaje.
Veremos, veremos... dijo un ciego... mmmm
sábado, 17 de febrero de 2018
Extraña coincidencia
Podía quedarme recostada en el mar de tus ojos o seguir estudiando tus pequeñas orejas. Desde ahí, girando mi cabeza a la izquierda, apreciaba las hojas verdes del árbol que nos espía desde la ventana. Parece que quisiera enterarse de qué se trata toda esa charla que me das, y a la que me acoplo con naturalidad. No me cuesta nada, es tan fácil hablar con vos, como esos amantes del surf, que se deleitan sobre las olas de Mar del Plata. Lo que no es común es estar ahí, mientras tomás mi boca y hacés de ella lo que te place. Me has contado prácticamente todo de tu vida y no es poco.
Me decís que te avise cuando vuelva y que lo haga lo más pronto posible. Y mientras me contás de tus hijas, de tu deporte favorito, de tus escapadas mañaneras al mar, de los hermosos días de verano, me decís que la serenata es corta y que hay que pasarla lo mejor posible. Si la serenata es corta, ya has empezado a tocar, porque en un momento sentí que todo este verso, tiene un objetivo, y por fín me sentí presa y vos mi cazador.
No sé si estoy soñando demasiado o si hace tanto que alguien no me atrae como vos, que quiero quedarme a charlar eternamente mientras tomás mis labios y los acomodás a tu antojo.
Otra vez zafé pero me advertís que la próxima no me salvo. Esta vez porque te dije muy segura que no me duele, que yo me la banco, y eso te causó gracia pisciano, a punto de cumplir cincuenta.
Entre toda esta marea que va y viene, como esa espuma que rompe en la orilla, hay algunas palabras tuyas que me quedaron dando vuelta, como esos caracoles que evitás pisar pero que alguno te termina pinchando... Por ejemplo, dijiste: «senti miedo cuando me fui a vivir solo, a pesar de que lo que más quería, era independizarme y estudiar»; «mi señora»; «fue fuerte cuando mi hija mayor se fue a vivir sola»; <esos grupos de amigos, muy puros, sin egos>; «los piscianos somos soñadores», etc. Parecían trozos de rompecabezas que yo pretendía analizar para ver qué pista podía encontrar. Y en esas conjeturas locas de Sherlock Holmes, pensé: «Tiene miedo de irse a vivir solo, de dejar a su señora, a pesar de que lo desea».
Por la noche fui a ver «Plaza Suite» al teatro, y mientras todos los galanes desplegaban sus armas de seducción, me di cuenta que estar casado puede ser tan aburrido que fantaseás con cualquier mujer (o yo, por estar sola... con cualquier hombre).
Recostada ante tus ojos, con toda tu atención puesta en mí, nuestras risas y mi bocota a prueba de todo, siento que sería muy vulnerable a tus besos.
Por cierto, apenas empieza la obra de Neil Simon, en el primer acto entra Osvaldo Laport quejándose de que ha pasado toda la tarde en el odontólogo, y luce orgulloso sus fundas nuevas. ¡Qué extraña coincidencia!
Me decís que te avise cuando vuelva y que lo haga lo más pronto posible. Y mientras me contás de tus hijas, de tu deporte favorito, de tus escapadas mañaneras al mar, de los hermosos días de verano, me decís que la serenata es corta y que hay que pasarla lo mejor posible. Si la serenata es corta, ya has empezado a tocar, porque en un momento sentí que todo este verso, tiene un objetivo, y por fín me sentí presa y vos mi cazador.
No sé si estoy soñando demasiado o si hace tanto que alguien no me atrae como vos, que quiero quedarme a charlar eternamente mientras tomás mis labios y los acomodás a tu antojo.
Otra vez zafé pero me advertís que la próxima no me salvo. Esta vez porque te dije muy segura que no me duele, que yo me la banco, y eso te causó gracia pisciano, a punto de cumplir cincuenta.
Entre toda esta marea que va y viene, como esa espuma que rompe en la orilla, hay algunas palabras tuyas que me quedaron dando vuelta, como esos caracoles que evitás pisar pero que alguno te termina pinchando... Por ejemplo, dijiste: «senti miedo cuando me fui a vivir solo, a pesar de que lo que más quería, era independizarme y estudiar»; «mi señora»; «fue fuerte cuando mi hija mayor se fue a vivir sola»; <esos grupos de amigos, muy puros, sin egos>; «los piscianos somos soñadores», etc. Parecían trozos de rompecabezas que yo pretendía analizar para ver qué pista podía encontrar. Y en esas conjeturas locas de Sherlock Holmes, pensé: «Tiene miedo de irse a vivir solo, de dejar a su señora, a pesar de que lo desea».
Por la noche fui a ver «Plaza Suite» al teatro, y mientras todos los galanes desplegaban sus armas de seducción, me di cuenta que estar casado puede ser tan aburrido que fantaseás con cualquier mujer (o yo, por estar sola... con cualquier hombre).
Recostada ante tus ojos, con toda tu atención puesta en mí, nuestras risas y mi bocota a prueba de todo, siento que sería muy vulnerable a tus besos.
Por cierto, apenas empieza la obra de Neil Simon, en el primer acto entra Osvaldo Laport quejándose de que ha pasado toda la tarde en el odontólogo, y luce orgulloso sus fundas nuevas. ¡Qué extraña coincidencia!
jueves, 25 de enero de 2018
Camasutra $6000
No pude dormir casi. Habré conciliado el sueño a las 4 a.m. Era una difícil decisión, no lo conocía apenas lo había visto una vez. Me gustaba, aunque cuando escribí su nombre percibí que era hermético, tenía hijos, una familia, una esposa, y quizás una mujer más... ¿una amante? ¿Era gato?, como dice Sil... Quizás. Mi Virgo ingenuo muchas veces no ve. Lo único que percibí fue una angustia, y cierta preocupación por su madre.
Como no podía dormir, le entregué todo a la Virgen, si no tenía que ir, sería porque él no pudiera, no yo. Hice lo que nunca, un acto mecánico hipnotizador: contar ovejitas, y funcionó. Desperté a la mañana, con el sol entrando por mi ventana que da al jardín delantero, en este paraje natural y agreste del faro marplatense.
Estaba nerviosa, ni comer quería, a pesar del grato encuentro con Stella. Un liviano almuerzo, cercano al lugar, para llegar a horario. Mi sonrisa se lo merecía. De ahí, puntualmente partí y asistí a la hora acordada.
Él estaba con un atuendo de un color poderoso, «Mmm qué rojo violento» bromeé. «Estoy hecho un torero» rió sorprendido por el chiste. Fui más lookeada. La primera vez que nos vimos yo estaba en short y zapatillas. Esta vez, me delineé los ojos, me puse unos pantalones negros con finas rayas blancas, remera negra ajustada y sandalias doradas. A continuación, me recosté, y como un acto casual, me solté el pelo.
Hablamos, y me dijo que le preguntara todo en ese momento. Le comenté que no había dormido casi nada, y me preguntó «¿Por qué? ¿Tenías miedo?». ¿Cómo explicarle que era toda una decisión, casi sin conocerlo, que tendría que viajar varias veces más para verlo...? Se lo redondeé a mi manera, no quería entrar en detalles, pero sí hacerle saber mis dudas, y prejuicios. Con amabilidad, despejó todos mis temores. Cerré los ojos, y me entregué.
Sus ojos pequeños, de a ratos, eran espiados por los míos. Preferiría no ver, y dejarme llevar... «Mordé con ganas» me decía, y me hacía reír. No me lo digas dos veces, pensaba yo... Recordé el «puta madre» que decía mi hija el otro día. «Madre sí! ...pero de puta no tengo nada, porque hace meses que no tengo sexo» le contesté a mi adolescente, en estos días, riendo.
Sus dedos rozaban mis labios, y mi boca era completamente suya en ese momento. Preocupado por no hacerme doler, por no lastimarme. «Abrí... cerrá... abrí». Yo era su gueisha. «Hago lo que me pidas» pensaba, y obedecía con tal de que fluyera.
Mencioné, al pasar, una experiencia, y le conté que ese fulano parecía importarle más el dinero que mi bienestar. Ese breve relato, tan sincero, lo afectó de alguna manera. Se notó en algún gesto, en su ceja que se arqueó, cuando su rostro estaba sobre el mío.
Luego me mostró todo, y mientras se esforzaba por hacerme surgir mi mejor sonrisa, acordamos aproximadamente, cuando volveríamos a vernos.
Salí de ahí, flotando...casi como en otra dimensión.
Había sido impensable tener que visitar al odontólogo durante mis vacaciones.
Como no podía dormir, le entregué todo a la Virgen, si no tenía que ir, sería porque él no pudiera, no yo. Hice lo que nunca, un acto mecánico hipnotizador: contar ovejitas, y funcionó. Desperté a la mañana, con el sol entrando por mi ventana que da al jardín delantero, en este paraje natural y agreste del faro marplatense.
Estaba nerviosa, ni comer quería, a pesar del grato encuentro con Stella. Un liviano almuerzo, cercano al lugar, para llegar a horario. Mi sonrisa se lo merecía. De ahí, puntualmente partí y asistí a la hora acordada.
Él estaba con un atuendo de un color poderoso, «Mmm qué rojo violento» bromeé. «Estoy hecho un torero» rió sorprendido por el chiste. Fui más lookeada. La primera vez que nos vimos yo estaba en short y zapatillas. Esta vez, me delineé los ojos, me puse unos pantalones negros con finas rayas blancas, remera negra ajustada y sandalias doradas. A continuación, me recosté, y como un acto casual, me solté el pelo.
Hablamos, y me dijo que le preguntara todo en ese momento. Le comenté que no había dormido casi nada, y me preguntó «¿Por qué? ¿Tenías miedo?». ¿Cómo explicarle que era toda una decisión, casi sin conocerlo, que tendría que viajar varias veces más para verlo...? Se lo redondeé a mi manera, no quería entrar en detalles, pero sí hacerle saber mis dudas, y prejuicios. Con amabilidad, despejó todos mis temores. Cerré los ojos, y me entregué.
Sus ojos pequeños, de a ratos, eran espiados por los míos. Preferiría no ver, y dejarme llevar... «Mordé con ganas» me decía, y me hacía reír. No me lo digas dos veces, pensaba yo... Recordé el «puta madre» que decía mi hija el otro día. «Madre sí! ...pero de puta no tengo nada, porque hace meses que no tengo sexo» le contesté a mi adolescente, en estos días, riendo.
Sus dedos rozaban mis labios, y mi boca era completamente suya en ese momento. Preocupado por no hacerme doler, por no lastimarme. «Abrí... cerrá... abrí». Yo era su gueisha. «Hago lo que me pidas» pensaba, y obedecía con tal de que fluyera.
Mencioné, al pasar, una experiencia, y le conté que ese fulano parecía importarle más el dinero que mi bienestar. Ese breve relato, tan sincero, lo afectó de alguna manera. Se notó en algún gesto, en su ceja que se arqueó, cuando su rostro estaba sobre el mío.
Luego me mostró todo, y mientras se esforzaba por hacerme surgir mi mejor sonrisa, acordamos aproximadamente, cuando volveríamos a vernos.
Salí de ahí, flotando...casi como en otra dimensión.
Había sido impensable tener que visitar al odontólogo durante mis vacaciones.
martes, 2 de enero de 2018
Colores de cambio
Ese tiempo de desear amor, se ha ido. Aunque la magia de esa ansiedad por ser amada, la revivo en estas dos películas románticas (Nothing Hill, y la anterior que la protagonista contrata un novio por catálogo para asistir a la boda de su hermana, ¡qué bombón por cierto!).
¡Cómo me he despegado de todo ese sentimiento → el amour!. No sé si es tranquilidad, resignación sin gusto a nada, o un popurrí de vivencias que me han puesto en un punto muerto, y aunque la caja de cambios esté partida, como la del auto de mi sobrino, siento unas ganas de cambio. Teñirme de pelirroja, o hacerme unos mechones chocolates para salpicar este rubio que no es mío, aunque me lo han prestado hace años. La magia de los pinceles y las tinturas se dejan doblegar por mis manos que apenas disimulan lo mejor posible en la nuca, ya que no veo lo que hago. Y me pregunto: ¿Cuántas veces no veo lo que hago? ¿Dónde voy, en el rumbo de mi vida? ¿Cuántos kilos demás desviaron mi atención a través de los dulces, para apagar una sed de pasión que ya ni recuerdo?
Los bemoles de un nuevo porvenir piden a gritos ser tocados. No afino los violines, porque son tristísimos cómo suenan. Prefiero un pop, un reggeton divertido o una cumbia bien arriba.
¿Podré hacer el cambio? Volver a Alco, volver a salir, atreverme a estas pequeñas vacaciones en Mardel, jugar un poco a vivir para resucitar la chatura, la pena ahogada de pasados amores que no pude sublimar.
¿Tanto me cuesta atarme a una dieta? Tengo ocho kilos demás, he aumentado todo lo que bajé el otro verano. Dejar de salir, me ha descuidado.
Estoy pintando mi casa, como una manera de ponerle color a esa vida que debo vivir sin tensiones, sin resguardos. Comencé por el patio hace unos meses. Luego abandoné la tarea cuando se afectó mi ojo. Pero volví a las andadas y le puse toda la paleta de esmaltes sintéticos que me ofreció la pinturería de unas cuadras. Y todo va cobrando más alegría, como la que espero poner a mi vida en este 2018 que arranca.
¡Cómo me he despegado de todo ese sentimiento → el amour!. No sé si es tranquilidad, resignación sin gusto a nada, o un popurrí de vivencias que me han puesto en un punto muerto, y aunque la caja de cambios esté partida, como la del auto de mi sobrino, siento unas ganas de cambio. Teñirme de pelirroja, o hacerme unos mechones chocolates para salpicar este rubio que no es mío, aunque me lo han prestado hace años. La magia de los pinceles y las tinturas se dejan doblegar por mis manos que apenas disimulan lo mejor posible en la nuca, ya que no veo lo que hago. Y me pregunto: ¿Cuántas veces no veo lo que hago? ¿Dónde voy, en el rumbo de mi vida? ¿Cuántos kilos demás desviaron mi atención a través de los dulces, para apagar una sed de pasión que ya ni recuerdo?
Los bemoles de un nuevo porvenir piden a gritos ser tocados. No afino los violines, porque son tristísimos cómo suenan. Prefiero un pop, un reggeton divertido o una cumbia bien arriba.
¿Podré hacer el cambio? Volver a Alco, volver a salir, atreverme a estas pequeñas vacaciones en Mardel, jugar un poco a vivir para resucitar la chatura, la pena ahogada de pasados amores que no pude sublimar.
¿Tanto me cuesta atarme a una dieta? Tengo ocho kilos demás, he aumentado todo lo que bajé el otro verano. Dejar de salir, me ha descuidado.
Estoy pintando mi casa, como una manera de ponerle color a esa vida que debo vivir sin tensiones, sin resguardos. Comencé por el patio hace unos meses. Luego abandoné la tarea cuando se afectó mi ojo. Pero volví a las andadas y le puse toda la paleta de esmaltes sintéticos que me ofreció la pinturería de unas cuadras. Y todo va cobrando más alegría, como la que espero poner a mi vida en este 2018 que arranca.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Amigos míos
Renovando. Vuelta de encuentros. Amigos del 93. Más secundaria parroquial. Teatro de mi hija, obra "Sana, sana", en El Bululú. La noche porteña nos derivó al oeste, detrás de la frontera. Nuestro pago en sí. Es como una catarata de energía que viene, aunque no esté en Iguazú. Hoy empiezo de nuevo, mi dieta, porque al fin al cabo, aunque le cambiemos el nombre, es eso.
Mientras ordeno, la música flota en el aire, desde el celu. Nublado está afuera, pero el sol está en mi alma, en mi mente, en mi energía.
Te regalo un poco a vos, toda esta osadía.
Los quiero, los necesito, amigos míos.
Mientras ordeno, la música flota en el aire, desde el celu. Nublado está afuera, pero el sol está en mi alma, en mi mente, en mi energía.
Te regalo un poco a vos, toda esta osadía.
Los quiero, los necesito, amigos míos.
jueves, 13 de julio de 2017
Made in Universo: amore fresco, amore nuevo
Este día me la pasé corrigiendo el libro. Para mí ficcionar es todo un aprendizaje. Juli dice que soy demasiado honesta, tanto en la vida como escribiendo. Uuu podría decir un montón de cosas sobre esto. Pero no voy a teorizar a esta hora. Como digo siempre, Virgo es así, no sabe mentir.
Sí reconozco que en este guión tengo que hacer un exorcismo para que a la protagonista se le termine el miedo a enamorarse.
El tema es que si ya ha pasado de las supersticiones a la Fe, qué ritual podría inventar para vencer la fobia.
Quizá escribir la palabra amor sin temblar, o sin petrificarse.
Viene el sábado y hay que ir al teatro. Alguien que me haga pata.
Ayer conseguí los protectores para los rollers. Fui a buscar unos borcegos, y los hallé donde menos lo esperaba. Me pregunto si será así en el amor, que aparece y te sorprende, sin darte tiempo a nada, ni siquiera a paralizarte por el miedo.
Esa sería mi solución, así cuando pase no me doy cuenta de nada. Sólo sentir, cuando ya esté todo hecho.
Sí reconozco que en este guión tengo que hacer un exorcismo para que a la protagonista se le termine el miedo a enamorarse.
El tema es que si ya ha pasado de las supersticiones a la Fe, qué ritual podría inventar para vencer la fobia.
Quizá escribir la palabra amor sin temblar, o sin petrificarse.
Viene el sábado y hay que ir al teatro. Alguien que me haga pata.
Ayer conseguí los protectores para los rollers. Fui a buscar unos borcegos, y los hallé donde menos lo esperaba. Me pregunto si será así en el amor, que aparece y te sorprende, sin darte tiempo a nada, ni siquiera a paralizarte por el miedo.
Esa sería mi solución, así cuando pase no me doy cuenta de nada. Sólo sentir, cuando ya esté todo hecho.
martes, 11 de julio de 2017
Reflejos que encandilan
Anoche me quedé corrigiendo el libro. Ahora entiendo a Clarisa, cuando contas tus cosas todo el mundo opina, juzga. Por eso ella mantiene el silencio, aunque no nos guste a nosotras que somos sus amigas.
Realmente me da pánico encontrarme con mi amigo, porque no es cualquiera, lo conozco desde los diez años. Quedé en verlo mañana pero me desvelé de sólo pensarlo. He dormido tres horas como mucho, mis ojos no pueden más, mi cuerpo lo siente.
Ayer encontré los guantes protectores para andar en rollers. Este finde que el tiempo no acompañó me perdí los encuentros y la clase en Puerto Madero.
A propósito, escribí el poema basada en un hombre que trota en esa linda zona, donde ver el río y las embarcaciones es un recreo. Es para el libro que haremos en conjunto para las fotos de Beto.
Reflejos, una idea ocurrente para mostrar lo diferente.
Me he inspirado en un asunto amoroso que como un viejo expediente ha pasado a archivo, porque ilusionada por el reflejo, al principio no me daba cuenta. En cambio, la noche sin brillos y sin pinceles, me ha permitido ver lo que a simple vista no podía verse.
Realmente me da pánico encontrarme con mi amigo, porque no es cualquiera, lo conozco desde los diez años. Quedé en verlo mañana pero me desvelé de sólo pensarlo. He dormido tres horas como mucho, mis ojos no pueden más, mi cuerpo lo siente.
Ayer encontré los guantes protectores para andar en rollers. Este finde que el tiempo no acompañó me perdí los encuentros y la clase en Puerto Madero.
A propósito, escribí el poema basada en un hombre que trota en esa linda zona, donde ver el río y las embarcaciones es un recreo. Es para el libro que haremos en conjunto para las fotos de Beto.
Reflejos, una idea ocurrente para mostrar lo diferente.
Me he inspirado en un asunto amoroso que como un viejo expediente ha pasado a archivo, porque ilusionada por el reflejo, al principio no me daba cuenta. En cambio, la noche sin brillos y sin pinceles, me ha permitido ver lo que a simple vista no podía verse.
viernes, 7 de julio de 2017
Sobrevivientes
Doy a corregir mi libro a alguien 17 años mayor que yo. Mi intención es que revise si algo no se entiente. Ya que, a veces, uno quiere transmitir una idea, y no logra traspasar el papel. Claro, era de imaginar que no pudiera entender cómo se vive hoy. Más si estuvo casada desde los 18 hasta los 61 con el mismo hombre. Dicho sea de paso, alma gemela.
No entiende que algunos somos sobrevivientes de un amor, heridos como si viniéramos de una guerra. Con graves secuelas, ocultas tras la fachada, por la necesidad de no caer en un abismo.
Y que a su vez, nos encontramos con otros seres, tan defendidos, que no quieren compromiso, porque también vienen con larga data batallando, con ex que maltrataron, o denigraron. Por ejemplo, un fulano que su mujer lo dirigía y lo mandoneaba a diestra y siniestra, ve en mí, frente a cualquier modismo que digo, un mandato. ¡Uy Dios! ¡Cómo estamos hoy, eh!
Sólo porque me histeriqueaba con el sexo telefónico. Le dije <<Bueno, hay que verse y listo>>, lo tomó como un imperativo. Jaaaa.... ¡increíble!
Pero volviendo al tema, esta compañera de escritos no comprende porque no ha vivido el paradigma. Y aunque dice que no juzga, no puede evitar hacerlo.
La entiendo. Los sensibles como yo, jamás pensaron vivir esto.
Pero no queda otra. Hay que seguir en el baile, apostando al amor. Es como si fueras caminando con una pieza del rompecabezas, y vas probando, probando... hasta encontrar la que encastra.
Ella dice, que para eso prefiere quedarse en su casa.
Pero no es así. El encierro no da chances. No te comunica con la vida, con la existencia.
Y bueno...lo que menos quiero es que me juzguen. Bastante ya con mi cabeza.
No entiende que algunos somos sobrevivientes de un amor, heridos como si viniéramos de una guerra. Con graves secuelas, ocultas tras la fachada, por la necesidad de no caer en un abismo.
Y que a su vez, nos encontramos con otros seres, tan defendidos, que no quieren compromiso, porque también vienen con larga data batallando, con ex que maltrataron, o denigraron. Por ejemplo, un fulano que su mujer lo dirigía y lo mandoneaba a diestra y siniestra, ve en mí, frente a cualquier modismo que digo, un mandato. ¡Uy Dios! ¡Cómo estamos hoy, eh!
Sólo porque me histeriqueaba con el sexo telefónico. Le dije <<Bueno, hay que verse y listo>>, lo tomó como un imperativo. Jaaaa.... ¡increíble!
Pero volviendo al tema, esta compañera de escritos no comprende porque no ha vivido el paradigma. Y aunque dice que no juzga, no puede evitar hacerlo.
La entiendo. Los sensibles como yo, jamás pensaron vivir esto.
Pero no queda otra. Hay que seguir en el baile, apostando al amor. Es como si fueras caminando con una pieza del rompecabezas, y vas probando, probando... hasta encontrar la que encastra.
Ella dice, que para eso prefiere quedarse en su casa.
Pero no es así. El encierro no da chances. No te comunica con la vida, con la existencia.
Y bueno...lo que menos quiero es que me juzguen. Bastante ya con mi cabeza.
miércoles, 5 de julio de 2017
Nada similar a una relación
Quiero más de tu risa, de tus besos.
Quiero stop a tu hemisferio izquierdo.
Quiero más pasión que razón.
El miedo es
como esa calculadora de porcentajes
donde la especulación del compromiso
es inversamente proporcional
a la cantidad de códigos free
que puedas emitir.
Pero si acaso
alguien se atreve
a mostrar su corazón,
por un segundo,
todas las alarmas se encienden
Un ladrón puede deslizarse
y robar cualquier pincelada de amor.
Y eso no está permitido.
Se puede intercambiar
vanalidades
pero por favor,
no se te ocurra
siquiera
nada similar a una relación.
lunes, 3 de julio de 2017
Artillería del amor
Me encanta tu puesto de arquero. Vos querés saber si juego de diez, si busco el gol, si quiero ganar?
Por supuesto, todos queremos jugar y que nos vaya bien.
Es como dice Diego, no digas la palabra amor porque le tienen miedo, y se van. Y esto lo dice un caballero de 40 años, vendedor, entrador y chamullero como pocos. Es lo que me llega a través de mi compañera artista que hace negocios con él.
Y todavía más, se queja de que su generación sólo conoce tetas artificiales.
Lo cierto es que dispuesta a hacer un cambio con las afirmaciones, porque la mente es todo; la terapia; y las esencias florales, la estoy pasando bomba.
Después de año y medio terminé en un sitio que hace mil no visitaba, y como las cartas del truco voy jugando sin cantar envido si no me da el tanto.
Cuánto miedo tenemos de amar! Y bueno, esta vez no voy a señalar con el dedo.
Yo hablo y parlo del discurso del amor pero también me paraliza, y sin querer lo ahuyento.
Me pregunto si en otros países pasa lo mismo?
Señores, la matemática no cuenta ni siquiera para estadísticas del amor...
Hasta las encuestas fallan en política. Por qué no lo harían en entonces frente a corazones llenos de heridas, blindados para no exponerse a la artillería del amor?
Por supuesto, todos queremos jugar y que nos vaya bien.
Es como dice Diego, no digas la palabra amor porque le tienen miedo, y se van. Y esto lo dice un caballero de 40 años, vendedor, entrador y chamullero como pocos. Es lo que me llega a través de mi compañera artista que hace negocios con él.
Y todavía más, se queja de que su generación sólo conoce tetas artificiales.
Lo cierto es que dispuesta a hacer un cambio con las afirmaciones, porque la mente es todo; la terapia; y las esencias florales, la estoy pasando bomba.
Después de año y medio terminé en un sitio que hace mil no visitaba, y como las cartas del truco voy jugando sin cantar envido si no me da el tanto.
Cuánto miedo tenemos de amar! Y bueno, esta vez no voy a señalar con el dedo.
Yo hablo y parlo del discurso del amor pero también me paraliza, y sin querer lo ahuyento.
Me pregunto si en otros países pasa lo mismo?
Señores, la matemática no cuenta ni siquiera para estadísticas del amor...
Hasta las encuestas fallan en política. Por qué no lo harían en entonces frente a corazones llenos de heridas, blindados para no exponerse a la artillería del amor?
sábado, 1 de julio de 2017
Tu primera obra de teatro
Estoy en la estación de tren, esperando para ir a verte en tu primera obra de teatro. Otro momento importante de tu vida y vos no estás. No sé porqué lo menciono, calculo que siempre me va a pasar.
Espero llegar a tiempo.
Que lo disfrutes mi linda, esta es tu vida.
Momento inolvidable.
Vermouth con papas fritas y good show.
Teatro El Bululu.
Obra: El hotel de los crímenes
Género: Comedia.
Espero llegar a tiempo.
Que lo disfrutes mi linda, esta es tu vida.
Momento inolvidable.
Vermouth con papas fritas y good show.
Teatro El Bululu.
Obra: El hotel de los crímenes
Género: Comedia.
jueves, 29 de junio de 2017
Cuidarse es quererse
No te extraño
pero te pienso.
Aún dibujas mi rostro,
y quizás te arrepientes.
Impulso de grabar.
Decisión por placer
o porque si lo usas,
fallas.
No puedo creer
que una camisignia
nos separa.
¿Cuánta desinformación
para que procedas de esa forma!
Tu generación
no se acostumbra,
pero tampoco intenta.
Me ahorre
una discusión de telo,
pero creeme
que extraño nuestros diálogos,
los chistes,
los saludos.
pero te pienso.
Aún dibujas mi rostro,
y quizás te arrepientes.
Impulso de grabar.
Decisión por placer
o porque si lo usas,
fallas.
No puedo creer
que una camisignia
nos separa.
¿Cuánta desinformación
para que procedas de esa forma!
Tu generación
no se acostumbra,
pero tampoco intenta.
Me ahorre
una discusión de telo,
pero creeme
que extraño nuestros diálogos,
los chistes,
los saludos.
miércoles, 14 de junio de 2017
Ya no más trampas
¿Cómo planificar el día? ¿Cómo si fuera un viaje, una alternativa para concretar tus propósitos? ¿O hacer las trampas suficientes como para estar en ese sube y baja? El miedo es por el pasado. Pero el pasado no está en el presente, tú lo traes.
Es como un yoyó mental. Pero este juguete lastima, no divierte para nada.
¿Hasta cuándo te vas a dejar dominar por el miedo? ¿Acaso tu vida no tiene algún valor? ¿Por qué insistes en meter la pata? Ya sé que te da pánico pasar por lo mismo, pero si no lo entiendes, no habrás evolucionado.
Fuiste enviado para resolver, para avanzar. No para hacer este fiasco diario: hago dieta y la deshago.
Pero no es normal esconderse tras un cuerpo modificado por la grasa. Nadie va a lastimarte... el amor es otra cosa. No puedes seguir privándote. Porque así te duele tanto como antes, porque haciendo tanta resistencia lo mantenés vivo.
Te estas doblegando ante el dolor. Pero ese dolor ya pasó. Aunque de alguna manera, aún estás en duelo.
Porque no lo enterraste, porque no lo soltaste.
Vos que tanto te la das de ser libre, estás totalmente dominada por el miedo a sufrir por enamorarte.
Pero si no te enamoras, no estás viva. No sonreís. No sentís.
Y que yo sepa, vos sí querés estar viva. No te mueras con ese amor, porque no era tal, era un calvario.
El amor aún no lo conoces. Y si sos capaz de vencer este pánico, sabrás lo que es que te amen.
Es como un yoyó mental. Pero este juguete lastima, no divierte para nada.
¿Hasta cuándo te vas a dejar dominar por el miedo? ¿Acaso tu vida no tiene algún valor? ¿Por qué insistes en meter la pata? Ya sé que te da pánico pasar por lo mismo, pero si no lo entiendes, no habrás evolucionado.
Fuiste enviado para resolver, para avanzar. No para hacer este fiasco diario: hago dieta y la deshago.
Pero no es normal esconderse tras un cuerpo modificado por la grasa. Nadie va a lastimarte... el amor es otra cosa. No puedes seguir privándote. Porque así te duele tanto como antes, porque haciendo tanta resistencia lo mantenés vivo.
Te estas doblegando ante el dolor. Pero ese dolor ya pasó. Aunque de alguna manera, aún estás en duelo.
Porque no lo enterraste, porque no lo soltaste.
Vos que tanto te la das de ser libre, estás totalmente dominada por el miedo a sufrir por enamorarte.
Pero si no te enamoras, no estás viva. No sonreís. No sentís.
Y que yo sepa, vos sí querés estar viva. No te mueras con ese amor, porque no era tal, era un calvario.
El amor aún no lo conoces. Y si sos capaz de vencer este pánico, sabrás lo que es que te amen.
domingo, 7 de mayo de 2017
Forjar el deseo
Bar irish. Siempre pasé y lo vi de lejos, desde hace un par de años. Una buena excusa para conocerlo. Mientras espero para ir a buscarte.
Esta tarde fui al grupo. 600 gramos menos. Es un dar y recibir. Un ida y vuelta. Mientras escribo la música es buenisima: los clásicos que pasaba en la radio. En esa época, la misma búsqueda, las mismas decepciones. Aunque no las mismas ilusiones.
Virgo y esa independencia, esa necesidad de hacer las cosas a su modo. De romper las reglas. De no querer seguirlas. ¿Será por eso que me cuesta tanto seguir el plan?
Creo que los que predominan el modelo mental de organización, es a los que mejor les va. Lo mío es un zig zag, aunque de a poco bajo.
Hoy lo dijo Alfredo, un coordinador del grupo, en una intervención corta y concisa: a los que les gusta perder hacen mal las cosas para no bajar. Me quedé enganchada en su frase. Tan importante. Tan central para nuestro problema. Querer hacer las cosas bien y mantener el deseo. No boicotearse. No temer un buen cuerpo. Quererse más allá del amanecer. Tallar el objetivo y no soltar el cincel. Poco a poco, con persistencia. Con dominio y con la vista al frente. Como cuando caminas en la playa y ves el muelle a lo lejos. Y tus pies van hasta tenerlo enfrente, en vivo y en directo. Hay que hacerlo. Podés hacerlo. Sé que podés.
Esta tarde fui al grupo. 600 gramos menos. Es un dar y recibir. Un ida y vuelta. Mientras escribo la música es buenisima: los clásicos que pasaba en la radio. En esa época, la misma búsqueda, las mismas decepciones. Aunque no las mismas ilusiones.
Virgo y esa independencia, esa necesidad de hacer las cosas a su modo. De romper las reglas. De no querer seguirlas. ¿Será por eso que me cuesta tanto seguir el plan?
Creo que los que predominan el modelo mental de organización, es a los que mejor les va. Lo mío es un zig zag, aunque de a poco bajo.
Hoy lo dijo Alfredo, un coordinador del grupo, en una intervención corta y concisa: a los que les gusta perder hacen mal las cosas para no bajar. Me quedé enganchada en su frase. Tan importante. Tan central para nuestro problema. Querer hacer las cosas bien y mantener el deseo. No boicotearse. No temer un buen cuerpo. Quererse más allá del amanecer. Tallar el objetivo y no soltar el cincel. Poco a poco, con persistencia. Con dominio y con la vista al frente. Como cuando caminas en la playa y ves el muelle a lo lejos. Y tus pies van hasta tenerlo enfrente, en vivo y en directo. Hay que hacerlo. Podés hacerlo. Sé que podés.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



